Desde la primavera de 2022, Rachel Fordyce trabaja como técnica de laboratorio en el Departamento de Entomología (la rama de la zoología que estudia los insectos) de la Universidad de Cornell en el estado de Nueva York. Cada mañana, de camino al trabajo, pasa por un gran cementerio en el municipio de Ithaca e inmediatamente nota un “presencia anómala de insectos”Informes por cable. Luego, la joven habló sobre ello con su colega, Bryan Danforth, entomólogo.
Luego de recolectar algunos ejemplares, sus análisis revelaron que se trataba de una colonia deandrena regularisTambién llamada “abeja de arena”. En esta especie, poco estudiada hasta ahora, la hembra cava nidos en el suelo y deposita sus huevos en celdas de incubación que contienen polen y néctar. Cuando los huevos eclosionan, las larvas continúan desarrollándose bajo tierra. Pasan el invierno y terminan saliendo al aire libre cuando los manzanos florecen en primavera.
Continuando con sus investigaciones, los científicos descubrieron archivos históricos que revelan la presencia de este insecto en el cementerio ya a principios del siglo XX. Luego lanzaron un gran inventario de abejas y rápidamente se dieron cuenta de que habían descubierto una de las concentraciones más grandes del mundo. Los resultados de este estudio se publican en la revista Apidologie.
Una megacolonia subterránea
Para identificar a estos recolectores, el equipo de investigación colocó diez trampas en el cementerio a 5.000 m.2. Estas redes, que cubrían un metro cuadrado de terreno, redirigían a las abejas que emergían del suelo a un recipiente de vidrio para ser contadas. Según las estimaciones de los investigadores, esta enorme colonia reúne entre 3 y 8 millones de individuos, para una media de unos 5,5 millones de abejas, el equivalente a más de 200 colmenas de abejas melíferas.
Este descubrimiento nos ha permitido comprender mejor la biología de esta abeja. En particular, observamos que a principios de abril los machos emergieron del suelo unos días antes que las hembras, para optimizar sus posibilidades de reproducción. Los científicos también han puesto de relieve las complejas relaciones que estructuran esta población: entre ellas, el parasitismo ejercido por otra abeja, Nómada imbricado, una abeja que se parece extrañamente a una avispa, que pone sus huevos en los nidos de su huésped, en detrimento de su descendencia.
Este estudio destaca la importancia de preservar los sitios de anidación de abejas silvestres. Los antiguos cementerios urbanos (este data de 1878), con sus suelos arenosos y su baja exposición a pesticidas, son refugios particularmente favorables.
Temiendo que colonias enteras pudieran desaparecer debido al desarrollo o la urbanización, los investigadores lanzaron un programa de ciencia ciudadana. El objetivo es invitar al público a informar sobre las colonias de abejas subterráneas para identificarlas y protegerlas mejor antes de que la fragmentación de su hábitat amenace su supervivencia.