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francesco capozza

Ayer por la mañana comenzó el cuarto viaje apostólico de León XIV, esta vez al Reino de España. Las diferencias con su predecesor inmediato son obvias: Bergoglio prefería las periferias del mundo y nunca le gustó ir a las grandes capitales europeas, Prévost decidió en cambio prestar inmediatamente atención al Viejo Continente (después del verano visitará también París y Lourdes), esta Europa que, durante los doce años que precedieron a su elección, había sido dejada de lado y casi desairada por el pontífice argentino. El Papa embarcó a primera hora de la mañana en el vuelo que como siempre le puso a disposición Ita y a las 10.30 horas ya se encontraba en suelo español, recibido por el rey Felipe VI, la reina consorte Letizia y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibido en el Vaticano como máximo hace unos diez días. Luego, como primera etapa de este viaje que le alejará de Roma hasta el 12 de junio, acudió a rendir homenaje a los soberanos en el Palacio Real de Madrid, recibido por dos alas de multitud.

Incluso la bienvenida oficial marcó un claro cambio de ritmo y de protocolo con respecto al pasado reciente, volviendo a ser la que siempre ha estado reservada al Soberano Pontífice que, no debemos olvidar, sigue siendo soberano hoy, aunque reinando sobre el Estado más pequeño del planeta. En el vuelo que le llevó a España desde el aeropuerto de Fiumicino, Leone quiso encontrarse, como de costumbre, con los periodistas que le acompañaban y respondió sin dudar a las numerosas preguntas que le formularon periodistas de todo el mundo. Se cubrió de todo, desde el “Apoyaré a Estados Unidos en el Mundial” del fútbol hasta la política internacional, con especial atención a los conflictos aún no resueltos en Oriente Medio y entre Rusia y Ucrania. Sobre la guerra en Irán, el pontífice subrayó que, en su opinión, no es “justa”, al tiempo que destacó la ausencia de una reunión entre Putin y Zelenzky, temida en los últimos días y finalmente rechazada por el presidente ruso Leo.

Tras la bienvenida en el exterior del Palacio Real, el Papa y los soberanos se dirigieron al salón de recepción de la residencia real para reunirse con las máximas autoridades civiles y militares. En su discurso, pronunciado en un español impecable, Prévost invitó a todos “por amor a la verdad, a abandonar narrativas que dividen y polarizan vuestra realidad social y su historia, a pasar de simplificaciones estériles a una apreciación fructífera de la complejidad humana”.

León Éste es el regalo que el Viejo Continente – concluyó el pontífice – puede hacer al mundo si quiere seguir siendo joven, así como jóvenes son aquellos que sienten que tienen un futuro y una misión”. Poco antes del discurso papal, el rey Felipe VI, en su discurso de bienvenida al pontífice, abordó en cambio un tema espinoso que ha tenido consecuencias dolorosas en muchos países europeos en las últimas décadas y particularmente en España: los abusos sexuales en círculos vinculados a la Iglesia. “representante de la vasta comunidad eclesiástica”. “Vuestra claridad y firmeza – declaró el Rey dirigiéndose directamente al Santo Padre – que también deseo reconocer, son esenciales en el proceso de curación y en la reparación del daño causado: son fundamentales para las víctimas, los fieles, la Iglesia y la sociedad en su conjunto”, concluyó el monarca español. Esta mañana, el pontífice celebrará la solemnidad del Corpus Christi con una misa en la famosa plaza de Cibeles de la capital, para después, paseando por las calles del centro de Madrid, presidirá la tradicional procesión que suele realizarse en Roma. En los próximos días, Leo

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