“Estoy realmente sorprendido”. Carlo Freccero parte de ahí, del asunto Ranucci y de la relación entre Valter Lavitola y Report, para formular una acusación que afecta directamente al programa de investigación de Rai 3. “Si Lavitola es masón y mantiene relaciones con las potencias ‘fuertes’, pero se convierte en la agenda del programa de investigación sobre el poder, esto significa que también la oposición está gestionada por el poder”, afirma el ex director de Rai 2 a Dagospia.
Una declaración muy dura, construida en torno a una palabra precisa: agenda. Freccero no se refiere a un simple conocido personal o a un conocido casual. Esto hace sospechar que un personaje acostumbrado a moverse entre la política, la información y los entornos de poder podría haberse convertido en un punto de referencia para el programa que pretende investigar precisamente estos mundos. Y es a la luz de estas palabras que los encuentros de Lavitola con Sigfrido Ranucci y la redacción del Informe cobrarán toda su importancia.
Según informan algunos periodistas del Corriere della Sera, el empresario fue visto “al menos tres o cuatro veces” en via Teulada, en el interior de la redacción o cerca de los estudios Rai. Una primera verificación de acceso solo revelaría un paso a nombre de Lavitola, que data de 2021. Aún se están realizando otras comprobaciones. Por lo tanto, queda por aclarar cuántas veces ingresó realmente a la función pública, con quién se reunió y para discutir qué temas.
En realidad, no se trata de la simple existencia de una relación personal entre Lavitola y Ranucci. La cuestión es entender cuál fue el papel de Lavitola en términos concretos. ¿Fue una fuente? ¿Un intermediario? ¿Un asesor informal? ¿Proporcionó algún documento, instrucciones o nombres? ¿Destacó eventos que requerían mayor investigación? ¿O fueron simples encuentros privados, sin influencia alguna en la actividad del espectáculo?
Precisamente sobre esta base se basa la acusación de Freccero. Porque, si Lavitola hubiera contribuido, aunque fuera informalmente, a sugerir temas o líneas de investigación, surgiría una contradicción evidente: un programa creado para controlar el poder habría confiado parte de su alcance a un hombre descrito por el propio Freccero como cercano a las grandes potencias. Giorgio Mottola, periodista principal de Report, descarta sin embargo cualquier influencia: “Lavitola nunca ha influido en ninguna de nuestras investigaciones. En Report, los periodistas trabajan de forma independiente en sus propios artículos y Siegfried siempre nos ha garantizado la máxima libertad e independencia”.
La respuesta defiende el trabajo de los reporteros y rechaza la hipótesis de injerencia. Sin embargo, no especifica la naturaleza de las reuniones que tuvieron lugar en la sede de la Rai o en sus alrededores. Para hacer el panorama aún más delicado, están las palabras de Paolo Corsini, director de Rai Insights. Según la reconstrucción del Corriere, cualquiera que quisiera resolver un problema con Report se habría dirigido a Lavitola para pedirle que defendiera su caso.
Una afirmación que abre otra pregunta. Por qué alguien debería haber considerado a Lavitola como un posible canal para acceder al espectáculo Pura fanfarronería o a una relación concreta, conocida y reconocible.