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Liderada por Inglaterra, la selección argentina volvió a despertar al final del partido para darle la vuelta a la situación y llegar a la final del Mundial. Suficiente para abrumar a la afición argentina.
Es la historia de un equipo que no quiere morir, que se niega obstinadamente a ceder su corona y que no quiere ver a su genio Léo Messi abandonar la escena sin una nueva coronación. Liderada por Inglaterra, Argentina volvió a superarse para darle la vuelta al final del partido y llegar a la final del Mundial donde le espera España.
Esta selección argentina tiene algo de inmortal, de invencible. Al igual que en los últimos partidos contra Cabo Verde, Egipto o Suiza, estuvieron liderados y mal gestionados. Pero la magia volvió a ocurrir. Un gol de Enzo Fernández para igualar el partido en el 86, un cabezazo de Lautaro Martínez para arrebatarle la victoria en el tiempo de descuento.
El entrenador Lionel Scaloni también confía…”ya no tengo las palabras“:”Qué victoria para nuestro país, para nuestro pueblo. Decía el otro día que este grupo no deja de sorprenderme. Pero esto es impresionante. Somos únicos.“
Con esta nueva victoria de carácter, Argentina escribe su historia en un mundo en el que nunca ha brillado realmente, pero en el que su incansable inspira respeto. Los argentinos creen en su destino, el de un equipo que intentará ofrecer lo mejor de sí mismo a Léo Messi e igualar a la Brasil de Pelé convirtiéndose en el primer equipo en retener el título desde 1962.
Así, durante más de media hora después del partido disputado en Atlanta, los jugadores permanecieron en la cancha cantando, bailando, una comunión como la que ha secretado Argentina con sus decenas de miles de hinchas en trance, como Leandro.
“Es una locura, no lo puedo creer, es una locura. Este equipo lo da todo, nunca defrauda, nunca muere, vamos a la final. Para ser nuevo campeón, barreremos a los españoles”.
“argentina nunca muere“, como el título ideal de la serie que propone la Albiceleste en este Mundial con escenarios llenos de suspenso. Tanto es así como para ofrecerle a Ignacio el sueño de una cuarta estrella para bordar en su camiseta: “En el campo también tenemos esta frase: nuestro corazón no es rojo, es azul y blanco“, explica, de nuevo en Atlanta.
A miles de kilómetros de distancia, en Buenos Aires, el mismo virus mordió a la multitud. Unos minutos después del pitido final, se encienden velas, ofrendas y fuegos artificiales frente a la antigua casa de Diego Maradona en la capital argentina. “Este partido fue muy emocionante.-confía Pablo-. Jugamos con el corazón y con ganas de ganar. Fue una pelea terrible. Ahora vamos a divertirnos y recuperarnos del estrés, porque una vez más tengo taquicardia”.
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En la acera, Daniela coloca una vela en el altar levantado en honor a la leyenda Maradona: “No fue sólo un juego. Jugamos para Diego, para Argentina, por los niños de las Malvinas... Y Maradona nos miró. Hubo mucha magia. Creo en el equipo, en su espíritu de equipo, en Léo Messi. Ellos avanzarán y llegaremos allí.“.
Para Fidel, este partido le trajo recuerdos enterrados: “Ganarle a los ingleses es inexplicable. Hoy reviví todo. Lo que pasó en Malvinas, la victoria a los ingleses en el 86, con el gol de Diego… Para mí ya somos campeones y se acabó el Mundial”.Hasta altas horas de la noche, los argentinos bailaron en las calles, tocaron sus bocinas y celebraron la victoria. Esta ola blanquiazul se anuncia ahora en Nueva York, donde el domingo el país podría revalidar su título de Copa del Mundo, el primero en 64 años.