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Una conmoción y luego nada. El sol aún no ha salido en Fresnes (Val de Marne). Pero en el tercer piso del centro de prisión preventiva ya reina la emoción. Dos reclusos se ciernen sobre los dos guardias que hacen ronda en el tercer departamento de la penitenciaría. Dicen que abajo está sucediendo algo inusual.

Los dos guardias bajan y caminan por el pasillo hasta detenerse frente a la imponente puerta de madera de la celda 235. A través de la mirilla ven el desorden que reina en la habitación. Y sobre todo descubren una forma frágil que cuelga de los barrotes de la ventana. Los agentes entran para ayudar al joven recluso que ya no responde. Los mensajes cardíacos y el desfibrilador no lo resucitarán. Tiene 21 años, se llama Seyni y, el 10 de mayo de 2024, acaba de terminar con su vida.

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