TIENE muy cierto ellos llegan Enrica Bonacorti y mi hija Verdiana Bonaccortiprotagonistas de una historia intensa y profundamente humana. Madre e hija parecen más unidas que nunca, unidas por un amor que se fortaleció en la prueba más difícil: la lucha de Enrica contra cáncer de páncreas.
la historia de enrica
Enrica Bonacorti Habla del presente con claridad y determinación: “Está mejor, estoy fuerte y positiva. Lo pasé bien”. Junto a ella está Verdiana, que en los últimos meses se ha convertido en un referente: “En este periodo mi hija me hace más caso, hemos invertido los roles, ella es la madre y yo la hija”. Un cambio que la chica comenta con cariño e ironía: “¡Es indisciplinada!”.
El vínculo entre ellos se fortaleció incluso después de una pérdida importante. “Desde que mi socio Giacomo ya no existe, Verdiana siempre ha estado a mi lado. El hombre más amable que hemos conocido.” Un vacío que Verdiana aún siente profundamente: “Se comportaba como mi padre. Ojalá estuviera aquí con nosotros”.
El descubrimiento de la enfermedad.
Verdiana relata los momentos más delicados del descubrimiento de la enfermedad: “Descubrí la enfermedad de mi madre, pero no se lo conté enseguida porque los médicos y yo habíamos decidido esperar el resultado de otra operación”. Cuando llegó la confirmación de la quimioterapia ya estaba todo organizado: “¿Cómo lo tomaste? Nunca la había visto desesperada, asustada, era difícil tomar decisiones por mi cuenta respecto a la enfermedad de mamá, no podía compararme con nadie. Me di cuenta de que estaba verdaderamente solo“.
Enrica, con su habitual franqueza, pronuncia una frase que congela el estudio: “No hay esperanza…”. Pero Verdiana responde con una promesa que es una absoluta declaración de amor: “Mientras esté a tu lado nadie te toca. Es mi razón de vivir, con mi hijo. Él hubiera hecho lo mismo por mí. Somos tú y yo.”
Hubo momentos de cierre y silencio: “Al principio, mamá se encerró en su dolor, luego, después de unos meses, todos me llamaron para saber qué le estaba pasando a mamá”. Pero hoy, Enrica siente una nueva fuerza a su alrededor: “Siento mucho más amor que antes, me hace sentir muy bien. La gente ha sido increíblemente útil. ¿Los próximos pasos? En menos de un mes tendré la respuesta sobre lo que funcionó y lo que no. Hice quimioterapia, pero no dio buenos resultados. Ahora estoy en un vacío donde me siento bien, pero débil. Tal vez seguiría así para siempre, pero en un mes sabré si debo continuar con la quimioterapia o no”.
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