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ROMA (ITALPRESS) – Le hubiera gustado terminar su carrera llevando a su Rumania al próximo Mundial, pero la Turquía de Vincenzo Montella le negó el último gol y su corazón finalmente lo traicionó. El mundo del fútbol está de luto por Mircea Lucescu, 80 años, de los cuales más de la mitad los ha pasado en los banquillos de todo el mundo, con avalanchas de trofeos pero también algunos fracasos importantes. En agosto de 2024, volvió al banquillo de la selección rumana, con el objetivo de clasificarse para el Mundial que se disputará en América, un sueño interrumpido durante las semifinales del play-off europeo al que Lucescu se presentó a pesar de su precario estado de salud. Lo que empeoró unos días después, con su enfermedad mientras preparaba el partido amistoso contra Eslovaquia: de ahí fue ingresado en el hospital y, el día que debía recibir el alta, sufrió un infarto que descontroló la situación. Se marcha un entrenador capaz de ganar 37 trofeos con ocho equipos distintos en cuatro países distintos. Un auténtico entrenador trotamundos, que desde su primera experiencia en el Corvinul Hunedoara (donde alternaba entre el banquillo y el campo: era delantero) se ganó el apodo de “Mago” por un tercer puesto en la primera división rumana y la clasificación para la Copa de la UEFA. Posteriormente, dirigiría por primera vez la selección rumana, teniendo también la satisfacción de vencer al campeón del mundo italiano en la fase de clasificación para la Eurocopa de 1984, mientras que sus primeros trofeos llegaron al frente del Dinamo Bucarest, con dos Copas de Rumanía y un campeonato de Rumanía. Fue en esta época cuando en 1990 comenzó su paréntesis en Italia, empezando por Pisa y pasando por Brescia de Corioni (que ya lo buscaba cuando era presidente de Bolonia). Dos experiencias no muy positivas, pero Lucescu destaca por introducir los primeros conceptos de una de las principales figuras del fútbol actual, el analista de partidos. Tras otro fracaso, esta vez en Reggiana, regresó a su país natal y ganó otra Copa de Rumanía con el Rapid Bucarest, antes de fichar por el Inter. Una aventura que no duró ni media temporada y que acabó en otro fracaso. Encontraría nueva fortuna en Türkiye, ganando dos campeonatos consecutivos, primero con el Galatasaray y luego con el Besiktas. Fue el punto de partida de la experiencia que más caracterizó la carrera de Lucescu, la de Donetsk con el Shakhtar. Doce años en los que los Orangeri se convirtieron en protagonistas absolutos en Europa (también ganaron la Copa de la UEFA en 2008/2009), pero sobre todo ocho campeonatos, siete copas nacionales y seis supercopas. Regresó a Ucrania cuatro años después (entretanto era entrenador de Turquía) en el Dinamo de Kiev, superando el escepticismo de la afición (que también le llevó a dimitir, posteriormente retirada gracias a la mediación del presidente Surkis) ganando el campeonato y la copa. Renunció en 2023, anunciando que sería su última experiencia como técnico. A pesar de ello, volvió al negocio y asumió la dirección de Rumanía. La Federación también estaba dispuesta a retenerlo en otro cargo, para capitalizar su experiencia, pero el corazón de Mircea Lucescu no pudo soportarlo: un gran entrenador se marcha pero su legado no se puede borrar.
– Agencia de fotografía Ipa –
(ITALPRENSA).

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