Detrás de largas cortinas rojas, se reserva un asiento al fondo de la brasserie. La sonrisa matutina lucha por ocultar los rasgos marcados y el velo en los ojos. Dos policías permanecen cerca para garantizar su protección. Amine Kessaci, de 22 años, se quita el abrigo. El hombre alto y de hombros cuadrados apoya las manos en los muslos. Sopla fuerte como para recuperar la compostura. El dolor nunca lo abandona. Vuelve por enésima vez el 13 de noviembre. El teléfono vibra, él grita y su vida vuelve a dar un vuelco. Su madre le cuenta lo peor. Su hermano menor, Mehdi, de 20 años, acaba de ser asesinado por dos motociclistas en las calles de Marsella.
La víctima estaba del lado correcto de la ley, lejos del trato y de los enredos asociados al mismo. Estaba a punto de tomar el examen de mantenimiento de la paz. El asesinato de Mehdi fue