NoNos enfrentamos a una paradoja. Por un lado, los ministros de Cultura y Educación Nacional, reunidos el día 1mmm En diciembre, anuncian una movilización conjunta en forma de los Estados Generales de Lectura para los Jóvenes, que implementarán un plan de acción decenal. Un compromiso bienvenido y muy esperado, dado que las encuestas del Centro Nacional del Libro indican un descenso mayor en el número de lectores cada año. El presupuesto de 2026 prevé, sin embargo, una reducción drástica de los recursos destinados a los libros. Una retirada anunciada que va en contra de los mismos anuncios de un ejecutivo que, en 2021, había hecho de la lectura una “gran causa nacional”. Nosotros, los profesionales del libro y la lectura, cuestionamos estas elecciones.
Éramos muchos el lunes 1mmm Diciembre, en el Salón del Libro y de la Prensa Juvenil de Montreuil (Seine-Saint-Denis), para escuchar a Rachida Dati, Ministra de Cultura, y a Edouard Geffray, Ministro de Educación Nacional. Dos ministros comunicarán los resultados de los Estados Generales de Lectura para Jóvenes, lanzados en julio. Las cifras hablan por sí solas y muestran el alcance de la movilización: 660.000 respuestas al cuestionario en línea, 36.000 entrevistas, reuniones en cinco departamentos de Francia continental y de ultramar… Rachida Dati acogió calurosamente este trabajo y afirmó su compromiso con la lectura juvenil, que debería extenderse como una mancha de tinta a otros ministerios. Lo que confirmó Edouard Geffray: los grupos de enseñanza están listos.
Había una pregunta en el aire, pero no se podía plantear: ¿cómo actuar sin presupuesto? Porque, analizando el proyecto de ley financiera para 2026 tal como se discute actualmente en el Senado, constatamos, dentro del programa para las industrias del libro y de la cultura -llamado presupuesto operativo del programa 334-, una notable reducción de recursos, lo que reduce aún más las posibilidades de movilización general reclamadas en la Feria del Libro y de la Prensa Juvenil. ¿Quién podrá seguir adelante con esta dinámica si no sigue la financiación pública? Si la lectura no es una batalla, sino un logro individual y colectivo, la reducción de recursos para su desarrollo conducirá sin duda a nuestra derrota común.
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