Es cierto, la venganza es proverbialmente un plato que se sirve frío. Pero los ingleses exageraron: esperar más de 40 años para poder vengar este partido del Mundial 86 es demasiado, incluso para los más pacientes. Y luego viene otra noche amarga: fue diegoEsta vez es Leo. Era una mano, esta vez es una cabeza. Sólo tres cosas coinciden: un zurdo para decidir el resultado, un 10 para impactar, una camiseta azul para volver a superar a los conquistadores ingleses. Inglaterra-Argentina no fue un partido, fue “el” partido de este Mundial.