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Desde el 7 de abril de este año entró en vigor una nueva norma según la cual los términos “artesanal” y “artesanal” ya no pueden utilizarse de manera ligera, aproximada y engañosa. La ley, fuertemente apoyada por Confartigianato, pone fin a la ambigüedad en el uso de estos términos, para garantizar la transparencia y la protección de los consumidores, así como de las propias empresas. En efecto, la norma establece que “su uso está reservado exclusivamente a empresas artesanales inscritas en el Registrocon sanciones de hasta el 1% de la facturación (mínimo 25.000€) por cualquier uso abusivo del término.” Poner fin a la competencia desleal y resaltar la verdadera excelencia de Hecho en Italia para que el cliente tenga la seguridad jurídica de que lo que está adquiriendo es verdaderamente resultado del ingenio y habilidad del artesano en cuestión. La norma se extiende a todos los sectoresdesde textiles hasta manufactura, desde empresas de artes y oficios hasta artesanías tradicionales, incluido el sector alimentario. Nadie excluido, todo está garantizado. Gracias también a la introducción de sanciones bastante severas para quienes no cumplan la ley y sigan utilizando esta definición sin cumplir las obligaciones necesarias. Pero, ¿qué significa ser reconocido oficialmente como artesano en 2026?

En Italia, la inscripción en el Registro de Empresas Artesanas otorga el título oficial de “empresa artesanal”, imprescindible para acceder a las ventajas reservadas. Esta operación suele costar unos 88,50€ para una empresa unipersonal, cuente 17,50 € en honorarios de secretaría y 18 € en impuesto de timbre, mientras que los honorarios de la cámara de comercio, que se pagan cada año, parten de 53 €. Para las empresas, los costos iniciales pueden ser más altos y variar según la Cámara de Comercio y la práctica específica. Esta inscripción, además de ser una Obligación burocrática para todos aquellos que ahora quieren definirse como artesanos.También es una oportunidad para quienes ejercen una profesión manual en Italia. De hecho, la calificación abre las puertas a concesiones y beneficios específicamente diseñados para apoyar a las pequeñas empresas, ayudándolas a ser más competitivas y sostenibles.

En primer lugar desde el punto de vista fiscal y contributivo: los artesanos acceden a un régimen específico del INPS, con un tipo IVS del 24%, y para los nuevos afiliados en 2025 hay una reducción del 50% en las cotizaciones fijas durante los primeros 36 meses. Una forma de reducir los costes iniciales que viene acompañada de incentivos y financiación: gracias a la histórica ley 949/52, se puede obtener hasta un 40% no reembolsable sobre las inversiones, combinado con tipos subsidiados sobre los préstamos bancarios. Además, existen convocatorias regionales y nacionales que prevén aportaciones de hasta el 80% para startups, innovación o competitividad.

La inscripción en el Registro también es una punto clave para acceder a licitaciones de la administración pública (recordando que los negocios artesanales también integran los códigos ateco de oficios como fontanero, albañil, electricista, herrero, etc.) y, siendo parte de asociaciones profesionales como Confartigianatoofrece servicios de soporte, formación y networking, pero también credibilidad, visibilidad y protección jurídica. Lo cual, en la era de la competencia global y la inexistente transparencia, también podría ser un punto de inflexión y un éxito para un artesano. En realidad, muchas veces las cosas no salen así y, aunque sobre el papel todo parece ir bien, en la práctica las empresas artesanales están sufriendo y a menudo se ven obligadas a cerrar.

Sólo esperemos que este endurecimiento de las definiciones sirva para promover estas profesiones y proteger verdaderamente a las empresas artesanales de la competencia desleal de los fabricantes que venden productos “artesanales”.

Marina Savarese

Estilista, profesora de moda y comunicación, escritora y cofundadora del portal Sfashion-net, dedicado al slow fashion. Para el independiente aborda el consumo y la moda crítica.



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