1770009164-azwy4rhmqaztnekst9ud-lapresse.jpeg

A Askatasuna – leemos en las interceptaciones publicadas por el periódico – le hubiera gustado convertirse en Hezbollah, una organización paramilitar y terrorista libanesa, estructurada luego también como partido político. O, al menos, algo parecido a Eta, la organización terrorista vasca, que tuvo bajo fuego a parte de España al menos hasta 2018.
El oscuro proyecto del centro social autónomo de Turín ha sacudido la política, hasta el punto que Augusta Montaruli, parlamentaria de la FDI, decidió interrogar al ministro del Interior, Matteo Piantedosi, sobre este asunto. En los documentos de la Fiscalía, que fusionaron la primera instancia con la segunda, leemos: “En este sentido, lo que surgió de la conversación… durante la cual… subrayaron la necesidad de emprender un camino que les lleve, aunque tarde, a una dimensión partidista, como Hezbollah o Sudamérica o ETA… a esta historia española, sudamericana, de Oriente Medio”.

El hecho de que “Aska” haya querido establecerse a la manera de Hezbolá es, para Montaruli, “un elemento decisivo que demuestra no sólo hasta qué punto la expulsión del edificio de Turín era más necesaria que nunca, sino también hasta qué punto debemos prevenir aún más el peligro sin bajar nunca la guardia, perseverando en la labor de desmantelar las células extremistas cuyo único objetivo es un conflicto inaceptable contra el Estado”. Y es por ello que el exponente meloniano optó por cuestionar a Piantedosi.

En primera instancia, el tribunal de Turín no reconoció la asociación criminal de determinados activistas del centro social de Turín. El proceso de apelación está en curso. Y la segunda audiencia está prevista para el 18 de mayo. “Aska” acordó reunirse en la sala del tribunal dentro de un mes para expresar su solidaridad con los acusados.

Referencia

About The Author