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La muerte de Lyhanna, esta estudiante de 11 años cuyo cuerpo fue descubierto el 4 de junio en un silo agrícola en Puycasquier, Gers, resuena como una descarga eléctrica para la justicia francesa.

Conmocionado por las revelaciones de disfunciones en esta materia, el Ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ordenó el domingo 7 de junio a la LCI que examinara urgentemente 70.000 denuncias relativas a niños (violación y contacto sexual combinados), con el plazo límite del 14 de julio.

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“Tienen hasta el 14 de julio, es decir un mes, para examinar todas las denuncias relativas a niños. Todas”, insistió, añadiendo que habrá que llamar a los fiscales generales para que respondan “primavera tras primavera”. Una movilización general que pretende dirigir él mismo. “No me iré de vacaciones, y no hay un juez superior que se vaya de vacaciones hasta que haya visto a los fiscales generales uno por uno para hacer un balance de cada tribunal de apelación”, advirtió.

El Ministro de Justicia también asume parte de la responsabilidad de la institución. “Hay que tener en cuenta que algo salió mal. Saber cuestionarse es muy importante en la vida, no se debe poner polvo en la alfombra”, afirmó.

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Para apoyar la movilización también entrará en juego el ministro del Interior, Laurent Núñez, que tendrá la tarea de enviar un despacho a todos sus policías y gendarmes para recordarles “que deben estar bajo la autoridad absoluta de los fiscales”, precisó Darmanin.

El asunto Lyhanna como detonante

El caso puso de relieve las deficiencias del sistema de justicia. Gérald Darmanin recordó la especificidad de este expediente. A diferencia de otros escándalos judiciales, aquí no intervino ningún juez independiente. Se trata de los fiscales, “mi brazo armado”, afirmó, es decir, aquellos que están directamente bajo la autoridad jerárquica del ministro. “Somos su brazo armado, señor ministro, utilicémonos unos a otros”, le habría dicho el jefe de la fiscalía general cuando llegó a la Cancillería. El ministro indicó que los “utilizaría”.

Este lanzamiento sigue una secuencia políticamente cargada. Ya el viernes por la tarde en TF1 había pedido disculpas “en nombre de la justicia”, reconociendo que la institución “no había dado seguimiento a las denuncias” contra Jérôme Barella, el principal sospechoso del asesinato. Mencionó posibles sanciones contra los magistrados por “omisiones” y “faltas profesionales”, recordando que su independencia “no es una irresponsabilidad”.

Jérôme Barella fue objeto de varias denuncias por violación infantil, dos de las cuales fueron presentadas en 2022 y en agosto de 2025. La primera fue desestimada, la investigación sobre la segunda todavía estaba en curso en el momento de la desaparición de la niña y el sospechoso nunca había sido oído.

En el terreno, sin embargo, la orden ministerial sale mal. Muchos fiscales reconocen una posible disfunción, pero denuncian una institución con poco poder. “Cuando todo es prioridad, nada lo es”, resume uno de ellos. Francia tiene sólo tres fiscales por cada 100.000 habitantes, frente a una media europea de 12,2.

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