Los banqueros cobran. Piden un aumento (promedio y en pleno funcionamiento) de 518 euros brutos mensuales durante los próximos tres años, o el 15,5% del salario. Y estoy esperando las reacciones de los bancos. La demanda económica elaborada por los sindicatos está sobre la mesa desde hace varios meses, pero no será presentada oficialmente a la ABI (la “Confindustria” de los bancos) hasta mediados de julio. Hasta el momento, ninguna compañía de crédito importante ha hecho declaraciones claras en un sentido u otro y, por lo tanto, las tarjetas siguen cubiertas. Pero seguramente volveremos a hablar de ello pronto, porque los 270.000 empleados bancarios son los que trabajan para el sector más próspero de la economía italiana. Por eso, ante un PIB que crece un 0,6%, y ante el aumento medio de otras renovaciones de contratos recientes que ronda el 3,5% anual, el de los banqueros es sensiblemente superior (más del 5%). Y por eso también, desde hace al menos dos años, para los políticos en busca de recursos, los bancos se han convertido en sinónimo de beneficios adicionales, que deben ser gravados con cada ley financiera. Para Fulvio Furlan, secretario general de la Uilca, “de 2020 a 2025, los beneficios netos superaron los 140 mil millones y los planes industriales presentados para los próximos 3 o 4 años prevén beneficios globales superiores a los 100 mil millones”. La Unión Confederal de Bancos y Seguros, durante su congreso nacional recientemente concluido en Venecia, tuvo el mérito de abrir el debate sobre el tema de la renovación de los contratos bancarios. Y no es casualidad que Furlan se centrara en la cuestión central: el aumento de la rentabilidad de los bancos, que inevitablemente debe estar correlacionado con el de los salarios. Pero no sólo eso, ya que la plataforma sindical también prevé una reducción de la jornada laboral semanal de 37 a 35 horas.
No hay duda de que los bancos están disfrutando de un período de gracia. Por este motivo, las demandas de los trabajadores parecen estar en consonancia con la salud del sector, también porque, en el sector, la relación entre costes e ingresos mejora constantemente, incluso neta de aumentos contractuales (el anterior en 2013, equivalente a 435 euros, fue del 15%). Así, aumenta la productividad, el gran mal de nuestra economía. El problema quizás venga por otro lado: la negociación entre la Unión y los bancos también se refiere a las nuevas tecnologías digitales, empezando por la inteligencia artificial, en la que todos los bancos están invirtiendo cientos de millones. Pero nadie ha aclarado aún claramente las consecuencias sobre los niveles de empleo y rotación. En las últimas semanas, en el extranjero, Standard Chartered, BNP Paribas Fortis y Goldman Sachs (por citar algunos) han anunciado recortes en esta dirección.
Así, la renovación del convenio colectivo nacional más rico de Italia será bien seguida no sólo para hacer el cálculo en los bolsillos de los banqueros, tal vez con un poco de envidia; pero también y sobre todo entender cómo evolucionará la negociación sobre el futuro del empleo en relación a las innovaciones tecnológicas. En este sentido, la renovación de los banqueros podría ser una suerte de pionera también para los que vengan después.