Quizás fue, para él, una manera de aclarar las cosas, de poner esa guinda al pastel que, el 31 de mayo de 2025, se le había escapado, y de dejar, de forma un poco más evidente a los ojos de los filisteos sellados por la finura del juego y del hombre, una huella imborrable en la historia del Allianz Arena.
Lo que importa en realidad es su principal motivación, ya sea el simple deseo de mantener el sueño de un doblete o de marcar, casi un año después de la final ganada aquí contra el Inter, los monegascos y su guarida, con un gol desde que Ousmane Dembélé lograra su éxito este miércoles.