Lo que nació hace un siglo con el nombre de Bonifiche Ferraresi – hoy abreviado BF bajo la dirección del presidente ejecutivo y accionista Federico Vecchioni – anunció ayer el nacimiento de la primera “granja del futuro”: se trata de Ferme BFuture en Malolo, en la República del Congo. El primero de una veintena de proyectos similares que BF está lanzando en África en el marco de las asociaciones público-privadas del Plan Mattei, por un compromiso de capital de alrededor de 2 mil millones, más la misma cantidad de cooperación. La operación, anunciada en la sede histórica de Jolanda di Savoia, la lleva a cabo BF International (BFI), el holding británico de BF que se ocupa de proyectos internacionales y que también cuenta entre sus socios con Arum y Dompé (los dos accionistas de la propia BF), el grupo Eni, Farmfront (vinculado a Carlyle) y Simest (Cdp). Y que, como anticipó ayer el presidente del BFI, Vincenzo Gesmundo, aspira a cotizar en la Bolsa de Londres en 2028, una vez que la del Congo y las demás granjas previstas en el plan industrial estén en pleno funcionamiento. Los que le siguen se encuentran en Argelia, Senegal, Ghana, Mauritania. BFI es el holding que ya recauda fondos del mercado que los inversores internacionales eligen utilizar en proyectos individuales.
El proyecto en el Congo nació hace poco más de un año y BFuture Farm ya ha recuperado 6.000 de las 10.000 hectáreas de terreno previstas, de las cuales más de 1.000 ya están cultivadas. La inauguración oficial tendrá lugar en octubre. Sobre el terreno – explicó Vecchioni ante, entre otros, el Ministro de Asuntos Exteriores Antonio Tajani, el embajador congoleño Henri Okemba, el presidente de Coldiretti Ettore Prandini, las autoridades e instituciones locales – trabajan 450 personas, apoyadas por 50 máquinas agrícolas. La gestión se basa en una plataforma digital que reúne monitoreo satelital, estaciones meteorológicas y sensores IoT para recolectar datos en tiempo real. Todo italiano: BFuture Farm es un proyecto de cadena de suministro nacional, diseñado para recuperar terrenos baldíos para generar productos para el mercado local; no se exporta nada. Y no se explota nada: la tierra sigue siendo propiedad de los congoleños, gestionada por el BFI con una concesión que dura varias décadas. Y luego las obras: alrededor de la ciudadela los italianos construyeron más de 20 kilómetros de carreteras, una red eléctrica de más de 30 kilómetros y una nueva red de agua. Así como servicios sociales y sanitarios para una comunidad de más de 3.000 personas.
Un modelo que Vecchioni define como “no depredador y no reproducible: no hay otro en el mundo”. Implica a un centenar de empresas italianas, tiene un horizonte a largo plazo y un objetivo claro: crear una reserva mundial de alimentos al servicio de la población”. Y es realizable gracias a dos condiciones: “El uso de la lógica financiera y de la colaboración público-privada”, en el marco del Plan Mattei, que para Vecchioni “es un motor de captación de capital”. Entre las aportaciones públicas, destacan las inversiones de Enasarco y Enpaia, y las del sistema CDP con Sace y con Simest, cuya directora general Regina Corradini d’Arienzo afirmó que ha “involucrado a más de 1.500 empresas de la cadena de suministro” en un proyecto en el que “somos socios, por lo que compartimos la inversión, el riesgo y el crecimiento”.
Tajani cerró la mañana recordando que “África ocupa un lugar central en nuestra política exterior. Sin duda tenemos una visión no colonial y el Plan Mattei sirve para lanzar una estrategia de crecimiento para muchos países en colaboración con nuestras empresas”.