Lo primero que hace Bruno Mars cuando sube al escenario es rezar. “Danos a mí y a mi banda la energía y la fuerza para darle a esta ciudad el mejor espectáculo de todos los tiempos. Amén”. Detrás de él proyectan la imagen de una ventana multicolor y San Siro se ilumina como una catedral gótica. Por un momento nos sentimos como si estuviéramos en el Duomo.
Así comienza, con la balada Risk It All, la primera de las dos veladas milanesas de su gira The Romantic. Ambas fechas están agotadas. Bruno es un ícono, dieciséis ganadores de Grammy y uno de los artistas más escuchados en las plataformas: ha alcanzado 70,4 millones de reproducciones globales en todo su catálogo. No tienes que esperar a la última canción, Uptown Funk, que todos bailan o tararean tan famosamente, para entenderla.
Es un concierto que se podría calificar de clásico: (muchas) voces, guitarra eléctrica, coro, batería. Piano. Los conjuntos son elegantes (aparte del pañuelo en la cabeza): chalecos o chaquetas de gran tamaño, de terciopelo negro y salpicados de lentejuelas, o con estampados tono sobre tono. La música casi siempre permanece en el centro del escenario: una mezcla de géneros (soul, funk, R&B) y citas, desde Santana hasta Michael Jackson, su ídolo de todos los tiempos. Y si además hay otro Michael entre el público escuchándolo, el campeón de la NBA Jordan, visto y evidentemente filmado y publicado en las redes sociales, la escena cobra vida con algunos efectos especiales. Fuegos artificiales, confeti, algunos espectáculos de luces. Aparece un Cadillac rojo llamativo, él sube y vuelve a ocupar el centro del escenario. Interrumpe brevemente el espectáculo para aparecer en una Vespa de color amarillo limón con una bufanda de la selección de fútbol alrededor del cuello y bebe de un vaso enorme de spritz para calmar la sed. Homenaje a Italia, que parece amar incluso en sus expresiones más verdaderas: la tarde anterior al concierto, había publicado en las redes sociales una foto de la Osteria de la afortunada con dos carbonaras y una amatriciana delante.
En Madrid había cortado un jamón ibérico. Para sus últimas despedidas eligió los famosísimos Leave The Door Open y Locked Out Of Heaven. Y todo el público, aunque agotado por el calor sofocante y la gran multitud, llegó a las salidas en paz, feliz y contento. Amén.