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“Dejé de hacerlo hace poco más de un año… Me dolió el corazón, pero mi situación ha cambiado”. Durante años, Emmanuelle, directiva de 52 años, pagaba 10 euros al mes a Médicos del Mundo. Entonces su vida cambió. Ella y su pareja se separaron, sus gastos aumentaron y, con una hija estudiante que mantener y un futuro profesional complicado, la donación mensual disminuyó.

“Tengo más alquiler que pagar y gastos que pagar por mi cuenta. Hago mis necesidades porque no tengo otra opción”, dice. Emmanuelle sigue ayudando, pero de otra manera: donando alimentos durante las colectas del Banco de Alimentos y un poco de dinero a las personas sin hogar cuando puede. Pero ella renunció a ese gesto automático y regular. “Hay menos pequeños placeres, menos despreocupaciones y por tanto menos regalos que me garantizan ante un futuro incierto”, añade.

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