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A pesar de la creciente concienciación entre la población, muchos países siguen dependiendo hoy del petróleo o del dinero que los gigantes privados del sector generan gracias a este negocio contaminante pero rentable. China –que combina esfuerzos en materia de energía verde y una igualmente notable contaminación por combustibles fósiles– está probando actualmente un avión propulsado por hidrógeno, que en última instancia podría revolucionar la aviación civil y comercial.

El 4 de abril de 2026, un dron de carga con un peso aproximado de 7,5 toneladas despegó de Zhuzhou, provincia de Hunan, reseña un artículo de Ecoticias. Impulsado por un potente motor turbohélice de hidrógeno, el avión alcanzó una altitud de unos 300 metros, recorrió unos treinta kilómetros a una velocidad de casi 220 km/h, antes de aterrizar después de 16 minutos de vuelo. Según las autoridades chinas, se trata de una primera prueba de esta magnitud para este tipo de motores.

Contrariamente a la creencia popular, un avión de hidrógeno no vuela directamente sobre el agua. El hidrógeno utilizado como combustible se puede producir a partir de agua utilizando electricidad, pero una vez a bordo es el hidrógeno líquido el que impulsa el motor. Este combustible, al quemarse, tiene la ventaja de no producir dióxido de carbono, sino principalmente vapor de agua.

Sin embargo, el hidrógeno no es un combustible milagroso y el impacto medioambiental depende de cómo se produce. Si hablamos de energías renovables entonces hablamos de hidrógeno verde. Por otro lado, si proviene de combustibles fósiles, su huella de carbono sigue siendo problemática a pesar de la reducción de las emisiones durante los vuelos.

Un contexto energético tenso

El motor AEP100 utilizado en esta prueba funciona mediante combustión directa de hidrógeno, como los motores de queroseno tradicionales, impulsando una hélice. Es particularmente adecuada para vuelos regionales y transporte de carga, pero esta tecnología plantea grandes desafíos y la aviación, que es responsable de una parte significativa de las emisiones globales, sigue siendo un sector difícil de descarbonizar. Aquí, los investigadores abordan el problema de almacenar hidrógeno a temperaturas extremadamente bajas y gestionar una combustión estable.

Este proyecto no pasa desapercibido porque se desarrolla en un contexto energético especialmente tenso. Ante las fluctuaciones del mercado mundial del petróleo, ligadas en particular a las tensiones geopolíticas y a la guerra en Irán, China intenta reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados.

Los investigadores chinos prevén un desarrollo gradual de esta tecnología: validación técnica de aquí a 2028, utilización para aviones regionales hacia 2035 y luego implantación a mayor escala hacia 2050. Pero aún quedan numerosos desafíos: además de las cuestiones ya mencionadas relacionadas con el almacenamiento y la gestión del hidrógeno, será necesario implementar infraestructuras terrestres y establecer nuevas normas de seguridad.

China no está sola en este ámbito: Airbus está explorando otra vía, basándose en pilas de combustible de hidrógeno para producir electricidad. Por el momento, las pruebas se refieren principalmente al transporte de mercancías, del que es más fácil abandonar que el transporte de pasajeros. Este primer vuelo, aunque breve, marca un hito importante y allana el camino para una posible transformación de la aviación en las próximas décadas.



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