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En 1999 el buen tiempo llega a su fin y el Mediterráneo está “en llamas”. Una ola de calor marina sin precedentes provoca una mortalidad excepcional de los aficionados al mar. Pierre Chevaldonné recuerda bucear ese verano en Marsella (Bouches-du-Rhône) junto a matas de coral púrpura moribundo.

“Era como un bosque después de un incendio”, recuerda el investigador del CNRS. Entre cero y treinta metros de profundidad las gorgonias rojas, tan carnosas y coloridas, morían visiblemente e incluso las esponjas y los moluscos sufrían mucho. »

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