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“En los últimos años hablamos cada vez más de redes clínicas. No se trata de una tendencia organizativa, sino de una respuesta concreta a un problema real: la creciente complejidad de la medicina moderna. Hoy en día, muchas enfermedades ya no pueden ser tratadas por un solo especialista, a menudo ni siquiera por una sola estructura. Se necesitan diferentes habilidades, plazos rápidos y decisiones coordinadas. Las redes clínicas se crean precisamente por esta razón”. Así saludan Adnkronos a Massimo Di Maio, presidente de Aiom (asociación italiana de oncología médica) y a Rossana Berardi, presidenta electa de Aiom, en vísperas del Día Mundial contra el Cáncer, que se celebrará mañana, 4 de febrero.

“Existen redes cardiológicas, neurológicas o incluso en sectores donde los plazos clínicos son particularmente estrictos, como los de emergencia-emergencia. Entre todos, la red de oncología es inevitablemente una de las más relevantes, debido a la alta incidencia de tumores y a la complejidad de las vías terapéuticas que requieren – explica Di Maio, profesor titular de oncología médica, Departamento de Oncología de la Universidad de Turín, director del SC Medical Oncology 1U, Aou Città della Salute e della Scienza di Torino – Es importante aclarar de entrada un malentendido generalizado: una red de oncología no es la red de oncólogos, ni el simple enlace entre establecimientos de oncología. Junto a ellos, el papel de los médicos generales es fundamental, todos ellos deben intervenir en el momento adecuado, de forma coordinada entre las diferentes competencias, vinculando los servicios, los hospitales y los territorios.

Desde el punto de vista del paciente, “el valor de la red es muy concreto – subraya Berardi, profesor de oncología de la Universidad Politécnica de Las Marcas, director de la Clínica de Oncología de AOU Las Marcas -. Esto significa un ahorro de tiempo, que en oncología suele ser un factor decisivo. Se realizan de forma compartida. Una red “que funciona – recuerda el oncólogo – permite seguir al paciente incluso entre diferentes estructuras, si es necesario: un hospital para el diagnóstico, otro para una operación compleja, un centro dedicado a una terapia específica, un territorio de seguimiento. Todo ello sin fragmentaciones, sin repeticiones innecesarias ni pérdidas de tiempo”.

Cuando esto no sucede, el problema se hace evidente. “Un paciente se ve obligado a pasar de un centro a otro sin dirección, a repetir a veces las mismas pruebas con consecuencias negativas para él mismo, para los cuidadores y para el sistema sanitario, a contar varias veces su historial médico, a sufrir retrasos no por razones clínicas, sino organizativas. En estos casos – subraya Di Maio – incluso si existe una red sobre el papel, no se respeta el objetivo mismo de su institución: profesionales y promover competencias especializadas.

Para funcionar, una red clínica (y en oncología en particular) debe depender de la experiencia. “Es necesario un liderazgo clínico, funciones operativas reales y una gobernanza que ponga en el centro el valor profesional y la capacidad de decidir – subraya Berardi -. Como en el deporte, el entrenador debe tener una visión estratégica, que debe compartir con el equipo, y cada jugador debe desempeñar el papel que mejore sus capacidades. Lo mismo ocurre con las redes clínicas. Quienes trabajan en el sector sanitario saben bien que las redes clínicas no son un ejercicio teórico. Se miden en la vida real de las personas, en las elecciones que llegan a tiempo o demasiado tarde, en la confianza que un paciente “

“Pero en el sector sanitario – y en oncología en particular – las competencias profesionales están estrechamente vinculadas a la formación y a la experiencia adquirida – añade Berardi -: no son automáticamente transferibles ni reemplazables por simples estructuras organizativas o acuerdos administrativos. La política tiene un papel esencial: definir direcciones, garantizar recursos, garantizar la equidad. Estas responsabilidades políticas son cruciales, como lo son las opciones clínico-organizativas que luego recaen en los responsables de la gestión de la red”. “Si falta alguno de estos elementos – advierte Di Maio – la red pierde su fuerza, la confianza de los profesionales que deberían mantenerla viva se rompe y la red corre el riesgo de no realizar su tarea de manera óptima. Y al final, son los pacientes quienes pagan el precio”.

“Las sociedades científicas como Aiom, así como las asociaciones de pacientes, tienen el deber de recordar estos principios precisamente para proteger el sistema y a los pacientes. No es una cuestión técnica, es una elección de responsabilidad. Porque una red clínica que funciona no es sólo una buena organización de la asistencia: es una promesa cumplida. La de no dejar nunca sola a una persona en la complejidad de la enfermedad”, concluyen Berardi y Di Maio.

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