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YParecen pequeños monos que emergen de la niebla. Conocidas por los científicos como Drácula, estas “orquídeas con cara de mono” se han convertido en celebridades de Internet. Millones de personas han compartido sus fotos, fascinadas por estas flores que parecen sonreír, fruncir el ceño o hacer muecas alternativamente. Pero detrás de esta fascinación viral se esconde una realidad mucho más oscura: la mayoría de estas especies están ahora al borde de la extinción.

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Una nueva evaluación global ha revelado, por primera vez, el estado de conservación de todas las orquídeas Drácula conocidas. El resultado es alarmante: de 133 especies estudiadas, casi 7 de cada 10 están en riesgo de extinción.

Plantas raras y carismáticas.

Muchos sobreviven sólo en pequeñas parcelas de bosque, a veces en sólo uno o dos sitios. Algunos se conocen sólo a través de plantas cultivadas. Es posible que sus poblaciones silvestres ya hayan desaparecido. Estas orquídeas crecen principalmente en los bosques nubosos andinos de Colombia y Ecuador, uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad pero también más amenazados del planeta. Su supervivencia depende de condiciones frescas y húmedas en altitudes medias y altas, donde la niebla constante envuelve los árboles.

Desafortunadamente, estas mismas laderas ahora se están limpiando rápidamente para dar paso al pastoreo de ganado, cultivos como el aguacate, así como a proyectos de ampliación de carreteras y minería, actividades que amenazan directamente a varias especies de Drácula (como la Drácula terborchii). A medida que los bosques se reducen y fragmentan, estas orquídeas pierden los microclimas (las condiciones precisas de temperatura, luz y humedad) de los que depende su supervivencia.

Otro peligro proviene de la fascinación que despiertan estas plantas raras y carismáticas. Las orquídeas han sido apreciadas por sus flores durante siglos. El comercio europeo comenzó en el siglo XIX.Y siglo, cuando la “fiebre de las orquídeas” enardeció a los coleccionistas adinerados y provocó una explosión de colecciones en las zonas tropicales.

Hoy esta fascinación continúa, alimentada por Internet. Muchos aficionados y cultivadores profesionales comercializan plantas cultivadas de forma responsable, pero algunos todavía buscan orquídeas silvestres, y las especies Drácula no son una excepción. Para una planta cuyas poblaciones a veces sólo cuentan con unas pocas docenas de individuos, una sola expedición de recolección puede resultar desastrosa.

Sépalos largos en forma de colmillos

En el noroeste de los Andes ecuatorianos, una zona llamada “Reserva Drácula” alberga una de las mayores concentraciones de estas orquídeas en el mundo. La reserva alberga al menos diez especies de Drácula, incluidas cinco que no existen en ningún otro lugar de la Tierra. Pero las amenazas son cada vez más cercanas. La deforestación relacionada con la agricultura, la minería ilegal e incluso la presencia de grupos armados ponen ahora en riesgo al personal de la reserva y a las comunidades circundantes.

Los defensores ambientales locales de la Fundación EcoMinga, que gestiona esta zona, califican la situación de “urgente”. Entre sus propuestas se encuentran un mayor seguimiento comunitario, el apoyo a la agricultura sostenible y el desarrollo del ecoturismo, para generar ingresos a través de la protección -en lugar de la destrucción- del bosque.

Observando de cerca estas flores es fácil comprender la fascinación que ejercen. Su nombre, Drácula, no hace referencia al personaje vampírico sino que deriva del latín “pequeño dragón”, debido a sus sépalos largos y con colmillos, estructuras que se asemejan a pétalos y protegen la flor en desarrollo. Su extraña apariencia asombró a los botánicos del siglo XIX.Y siglo, quien inicialmente creyó que se trataba de un engaño. Más tarde, a medida que se descubrieron nuevas especies, se observó que muchas se parecían a pequeños primates, de ahí su apodo de “orquídeas con cara de mono”. A veces se les compara con los pandas del mundo de las orquídeas: carismáticos, reconocibles al instante, pero también en grave peligro de extinción.

Reservas para preservar las orquídeas Drácula

La nueva evaluación fue realizada por un equipo de botánicos de Colombia y Ecuador, en colaboración con varias organizaciones internacionales, incluida la Universidad de Oxford y el Grupo de Especialistas en Orquídeas de la Comisión para la Supervivencia de Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Finalmente llena un vacío importante.

Se basa en datos de herbario (muestras de plantas secas recolectadas por botánicos), observaciones de campo y experiencia local, para mapear el área de distribución de cada especie y estimar el estado de los bosques restantes. Los hallazgos confirman lo que muchos especialistas sospechaban desde hace mucho tiempo: las especies de Drácula están en grave peligro.

A pesar de esta triste observación, hay motivos para la esperanza. La Reserva Drácula y otras áreas protegidas brindan refugios esenciales, ya que albergan no solo orquídeas sino también ranas, monos y una multitud de otras especies. Las organizaciones locales trabajan con las comunidades para promover la agricultura sostenible, desarrollar el ecoturismo y recompensar los esfuerzos de conservación mediante pagos por servicios ecosistémicos. Iniciativas modestas dada la magnitud del desafío, pero que demuestran que existen soluciones, siempre y cuando al mundo le importe.

También existe la oportunidad de convertir esta popularidad en protección. La misma fama en línea que alimenta la demanda de estas orquídeas podría ayudar a financiar su conservación. Si las publicaciones virales sobre estas “flores sonrientes” fueran acompañadas de información sobre sus orígenes y la amenaza que enfrentan, podría ayudar a cambiar comportamientos y recordar a la gente la necesidad de evitar la sobreexplotación.


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Respuesta



De la misma manera que el panda se ha convertido en un símbolo de protección de la vida silvestre, las orquídeas con cara de mono podrían encarnar la conservación de las plantas, un recordatorio de que la biodiversidad no se limita a los animales. Que las generaciones futuras todavía puedan ver estos rostros en el bosque –y no sólo en sus canales de noticias– depende ahora de nuestras acciones.

* Diogo Veríssimo, investigador en marketing de conservación, Universidad de Oxford; Amy Hinsley, investigadora principal del Programa Oxford Martin sobre el Comercio de Vida Silvestre, Universidad de Oxford; Luis Baquero, Investigador, Ecología de Orquídeas, Universidad de las Américas (Ecuador).



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