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El día más largo del verano milanés para Beppe Sala comenzó poco después del amanecer, cuando la oficina de prensa del Palazzo Marino le alertó del golpe del Corriere della Sera, que revelaba la existencia de una empresa en la que el alcalde posee un 20 por ciento, nunca revelada y vinculada a una empresa – mucho más grande – con evidentes relaciones comerciales con el municipio. Sala nunca recibió dividendo, confió la gestión de las acciones a un fideicomiso. Pero hay un problema, sobre todo porque, mientras tanto, la fiscalía ha puesto el foco en la empresa de Sala y su amigo Piero Galli. Sala se pregunta si debería reaccionar, consulta a abogados y portavoces, luego publica a media tarde una nota, en parte quisquillosa y en parte sincera, declarándose “arrepentido” y acusando al periódico milanés de “explotación política”. El día no ha terminado: para sancionar la evidente transformación de la cuestión jurídica en cuestión política, llega la nota del centro-derecha, pidiendo al alcalde que acuda mañana al Ayuntamiento para informar sobre la cuestión: una petición en nombre del garantismo, “sin anticipar juicios ni sacar conclusiones antes de comprobar los hechos”, pero claro: “Cuando surgen noticias que interesan al alcalde, a todos les conviene que se aporte total claridad”. Y el alcalde anunció por la tarde que mañana comparecería ante el tribunal.

Por su parte, Sala está convencido de haber aclarado bastante con la nota: había creado Finalter con Galli, también director de Expo, “con la idea de que, en el futuro, podría volver a dedicarme a actividades de consultoría”, pero tras su elección, confió las acciones a un fideicomiso, en cuya gestión nunca participó. Pero no explica por qué, dada la modesta inversión (10.000 euros), no decidió vender todas las acciones. Tampoco si Finalter ha producido entretanto dividendos que habrían sido recaudados por el fideicomiso. Y admite implícitamente que uno de los agujeros negros es el acuerdo verbal que afirma haber celebrado con Galli para dejarle la totalidad de los beneficios: que un acuerdo tan delicado pueda estipularse mediante un apretón de manos es tan singular que el alcalde asegura que “a la luz de lo que sé, he dado instrucciones al síndico para que inicie conversaciones con el accionista mayoritario para identificar soluciones que no permitan ningún beneficio por mi parte, ni siquiera en el futuro, en Finalter, ni siquiera teóricamente”. Finalter está actualmente bajo investigación por una serie de facturas falsas que supuestamente lo vinculan con Engineering, la empresa en la que el propio Finalter (y por tanto también Sala) tiene una pequeña participación, y de la que Galli es miembro de la junta directiva, y que tiene contratos millonarios con el municipio.

En la fiscalía ya se han inscrito algunos nombres en el registro de sospechosos, y seguramente Sala no es uno de ellos. Pero el argumento político está ahí: por si fuera poco, resulta que el custodio del fideicomiso de Sala es el mismo notario llamado a presidir la operación que más le importa: la venta del estadio de San Siro al Inter y al Milán.

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