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Los cambios cerebrales del Alzheimer pasan desapercibidos en algunas personas porque no muestran ningún daño. Otros, sin embargo, pierden la memoria. Los investigadores del cerebro ahora están proporcionando pistas sorprendentes sobre por qué esto es así.

En Alemania alrededor de 1,8 millones de personas viven con Alzheimer. La enfermedad ataca el cerebro y borra gradualmente los recuerdos. Pero no para todos los afectados: a pesar de los cambios visibles en el cerebro, algunos se mantienen mentalmente sanos, no lo olvidan y encuentran su camino en la vida cotidiana.

Investigadores de la Universidad de California en San Diego observaron más de cerca este fenómeno. Examinaron la llamada enfermedad de Alzheimer asintomática, es decir, casos en los que se forman depósitos típicos del Alzheimer en el cerebro, pero no se producen problemas de memoria. Los resultados aparecieron en la revista Acta Neuropathologica Communications.

Según los investigadores, alrededor del 20 al 30 por ciento de las personas con estos cambios cerebrales mantienen capacidades cognitivas normales. Todavía no está claro por qué no desarrollan ningún síntoma.

Para investigar esto, los científicos analizaron la actividad genética en miles de muestras de cerebro humano. Utilizando un proceso de inteligencia artificial especialmente desarrollado, filtraron patrones que difieren entre el envejecimiento saludable, el Alzheimer con síntomas y la forma asintomática.

Resulta que los cerebros de personas sin síntomas aparentemente tienen firmas moleculares diferentes: su propia “huella digital”, por así decirlo, que los distingue de los procesos típicos de la enfermedad de Alzheimer. Se observó, entre otras cosas, una modificación en la actividad de los genes asociados con el depósito de la proteína tau, así como una mayor activación de los mecanismos de protección celular.

Los investigadores se centran en una proteína llamada cromogranina A. Podría actuar como una especie de interruptor que influye en si los cambios patológicos en el cerebro realmente conducen a la pérdida de memoria o si el cerebro puede compensarlos.

Para comprobarlo, los científicos también llevaron a cabo experimentos con ratones. Los animales en los que se desactivó esta proteína mostraron cambios cerebrales típicos del Alzheimer, pero permanecieron mentalmente productivos. El efecto fue aún más pronunciado en las hembras. Tenían menos depósitos patológicos de tau. Sus estructuras de células nerviosas también se mantuvieron más estables que en los animales machos.

Según los investigadores, los hallazgos sugieren que el cerebro tiene mecanismos de protección naturales que podrían influir en el curso de la enfermedad. Sin embargo, hasta ahora se trata de hallazgos experimentales que requieren más investigaciones para aclarar su importancia para los humanos.

“Estamos empezando a descifrar los mecanismos de defensa del cerebro, y esto podría cambiar fundamentalmente nuestros enfoques terapéuticos”, dijo en un comunicado Sushil K. Mahata, uno de los autores principales del estudio.

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