Vestido con traje y corbata, Édouard Philippe se disculpa por haber venido a “interrumpir” la fiesta. A toda velocidad, el director del centro, que acoge a casi 150 menores y, en ocasiones, a sus madres, realiza la visita guiada. “Tenemos 129 plazas disponibles, pero bueno, a veces nos falta personal”, explica afable Christelle Buthier. Desde el departamento de mujeres y niños hasta la guardería, los problemas siguen siendo los mismos: violencia doméstica, violencia sexual, trastornos psiquiátricos, malos tratos y deficiencias educativas. “A veces recibimos desde que nacen a niños cuyas madres no pueden mirarlos a los ojos”, confiesa un supervisor.