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El despido “con efecto inmediato” del Secretario de Estado de Asuntos Económicos de Hesse, Umut Sönmez, es una señal dura pero políticamente lógica. Cualquier persona sospechosa de haber acosado sexualmente a un empleado ni siquiera puede formar parte de la alta dirección, especialmente en un ministerio donde la gestión del personal y los espacios seguros en el lugar de trabajo están entre las principales responsabilidades. El hecho de que el Ministerio Público esté investigando al mismo tiempo aumenta aún más la presión. Sin embargo, persiste el desagradable equilibrio: hasta que se aclare el asunto, se aplica la presunción de inocencia. Precisamente por eso el paso es tan delicado, pero también tan inevitable.

Para el ministro de Economía, Kaweh Mansoori (SPD), el proceso es mucho más que un simple cambio de personal. Se trata del segundo despido de un secretario de Estado en poco tiempo y esta vez afecta a su confidente político más cercano. En última instancia, esto convierte un caso aislado en un problema de gestión.

“Ministerio del Caos”

La oposición y los observadores políticos ya hablan del “Ministerio del Caos”. Mansoori ahora debe demostrar que no sólo está reaccionando, sino liderando: con una investigación transparente que no sea sospechosa de autoexamen por parte de la jerarquía.

La comparación con la historia de la exsecretaria de Estado Lamia Messari-Becker es instructiva (y desagradable para Mansoori). En aquel momento, fue acusado de incumplir su deber de diligencia y de perjudicar públicamente a una persona con un comunicado de prensa mal redactado (“mala conducta inaceptable”).

La comisión de investigación posterior finalmente perjudicó a Messari-Becker porque se confirmaron las acusaciones de que había utilizado su cargo para obtener ventajas. Mansoori defendió la destitución del secretario de Estado por el interés público en la información y argumentó que no se toleraría el abuso de poder.

Hoy se mide exactamente según este estándar. Cualquiera que invoque los valores, la confianza y la ética del servicio civil en 2024 no puede dar la impresión en 2026 de que la lealtad prevalece sobre el deber de proteger. Por lo tanto, la destitución de Sönmez es también una defensa propia: pretende liberar al Gobierno, a la coalición rojinegro y sobre todo al SPD de la acusación de mirar para otro lado o vacilar.

Sin embargo, con cada nueva crisis surge la pregunta de si Mansoori tiene su casa bajo control, en términos de personal, cultura y organización. La verdadera prueba sólo llegará ahora. ¿Con qué precisión se revela la información? ¿Qué tan creíbles son las conclusiones extraídas? ¿Y con qué rapidez puede el Ministerio volver a centrarse en sus tareas principales en lugar de en el siguiente personal problemático?

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