Quitas la batidora y sale una melodía. Este lunes 4 de mayo es día libre para Breval Pinson, chef de una taberna de La Ville-ès-Nonais (Ille-et-Vilaine). “Este año quería dos días libres seguidos”explica el cocinero bajo sus rastas marrones, aprovechándose “fin de semana” para componer música.
El chico de la cocina lleva quince años haciendo temporadas, sin gusto “por la libertad” de este estilo de vida, que le permitía viajar mucho. Sin embargo, “Roto física y mentalmente”El trotamundos se tomó un año y medio de descanso y acaba de regresar con un contrato de temporada. Teniendo presente, esta vez, una lista de demandas no negociables: “Un lugar agradable – tengo vista al mar –, el ambiente en el equipo, el salario y la libertad de hacer lo que quiera en la cocina”lista con calma.
Sus peticiones no son ni mucho menos aisladas. En Bretaña, donde trabajaron casi 100.000 trabajadores temporeros en 2019, según el último estudio disponible del INSEE (2024), la cuestión de las condiciones laborales ha surgido en las relaciones patronales.
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