Después del rotundo éxito de la lista Tortora-Lovaglio durante la asamblea general del 15 de abril, el mercado podría haber esperado un enfoque razonable y colaborativo en la composición del nuevo gobierno de Montepaschi. Sin embargo, a la vista de la junta directiva convocada mañana para elegir los principales cargos del instituto, las buenas intenciones expresadas por el promotor de la lista Pierluigi Tortora – si alguna vez hubieran sido reales – ya parecen haberse esfumado. De lo que se desprende, el director general Luigi Lovaglio hará trizas la resolución sobre su despido y no hará ninguna concesión a la gran minoría (7 directores contra 8) elegida en la lista del consejo de administración. El presidente será Cesare Bisoni, a pesar de la petición de la minoría de contar con una personalidad que pueda asumir un papel ejecutivo en caso de evolución negativa de la investigación de la fiscalía de Milán sobre Lovaglio. Tampoco hay nada que hacer con respecto al puesto de director general, que también debería recaer en el director general. Las dos vicepresidencias también estarían sobre la mesa, pero se trata de casillas de poca importancia respecto a las demás en juego. El golpe de Estado, que inicia con mala estrella la nueva formación del MPS, se produciría de forma contundente, hasta el punto de que Lovaglio y Bisoni están dispuestos a votar por sí mismos (a pesar de la etiqueta que sugiere abstenerse) para obtener su candidatura.
Si esto realmente sucediera, los mercados podrían preguntarse por qué dos grandes accionistas como Delfín y Banco Bpm –normalmente inclinados a priorizar la estabilidad de las empresas en las que invierten– permitirían tal balcanización de posiciones dentro de un directorio inherentemente dividido.