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La semana que termina no ha contribuido a restaurar la imagen de una derecha francesa presa de las divisiones y las dudas. Los republicanos dan hoy la imagen de una pequeña empresa en crisis, sin una estrategia clara, sin un rumbo determinado y sobre todo sin un líder indiscutible. La serie de votaciones sobre la financiación de la Seguridad Social ofreció un ejemplo casi caricaturesco: de 49 diputados de LR, 18 votaron a favor, 3 en contra y 28 se abstuvieron. Una dispersión que lo dice todo sobre la incapacidad del partido para definir una línea política legible y atenerse a ella.

Resultado: una cacofonía permanente que lleva a líderes y activistas a la desesperación. La derecha parlamentaria se parece cada vez más a una asociación de autoempresarios políticos, cada uno de los cuales defiende su propia capilla, su propia agenda y sus propios motivos ocultos. En este paisaje borroso, Bruno Retailleau atraviesa una zona de fuertes turbulencias. Victorioso contra Laurent Wauquiez como presidente de LR, apoyado durante un tiempo por sus años en el Ministerio del Interior, el senador de Vendée, tras su salida de un gobierno tan ruidoso como mal controlado, luchó por erigirse en un líder natural.

Su incapacidad para expresar claramente una ambición presidencial y resolver su equilibrio de poder con Wauquiez contribuye a la digresión actual de LR. Es cierto que el representante electo de Alto Loira no hace nada para facilitar su tarea.