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Una política de integridad interna para el 90% de las empresas francesas, pero menos de la mitad de los empleados formados sobre los riesgos de corrupción y sólo el 45% de las cadenas de valor están realmente cubiertas. La última evaluación del Pacto Mundial de las Naciones Unidas revela un capitalismo tricolor a dos velocidades, donde el conformismo protege la sede más que el suelo.

En 2025, 9 de cada 10 empresas francesas adheridas al Pacto Mundial de las Naciones Unidas informaron tener un programa de cumplimiento o una política interna anticorrupción, mucho más allá del alcance de la ley Sapin II. Las Comunicaciones sobre el Progreso (CoP) 2025 confirman la rápida difusión de códigos de conducta, procedimientos de alerta y mapas de riesgo. Sin embargo, sólo el 43% de estas empresas dicen haber capacitado efectivamente a todos sus empleados en temas relacionados con la corrupción, y mucho menos a sus socios externos. La brecha se está ampliando entre el capitalismo francés, que está bien equipado con estatutos y procedimientos, y las prácticas sobre el terreno en las que la prevención sigue siendo parcial.

La ilusión de la conformidad del papel

Esta cifra del 90% podría sugerir que Francia ha cerrado su brecha histórica en términos de ética empresarial. El estudio CoP 2025 muestra en realidad otra dinámica: el cumplimiento avanza desde arriba, impulsado por los requisitos de la ley Sapin II, los inversores y los cuestionarios ESG. Los ocho pilares construidos en torno al artículo 17 sirven como referencia implícita, incluso para las empresas que, estrictamente hablando, no son responsables.

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La documentación misma se convierte en una línea de defensa. Las políticas, procedimientos e informes internos le permiten responder a auditorías y licitaciones sin transformar necesariamente las implicaciones operativas. La evaluación de la AFA de la ley Sapin II resalta este sesgo: el esfuerzo se centra en la implementación formal del sistema, más que en su apropiación real. Cuanto más sofisticada sea la estructura del documento, más podrá creer la empresa que está protegida, mientras que el comportamiento en el campo cambia poco.

El punto muerto del entrenamiento

Porque sólo el 43% de las empresas francesas estudiadas declaran haber formado a todos sus empleados, frente al 62% en el resto de Europa y el 74% en los demás continentes. Este retraso contrasta con la abundancia de charters. Desde el punto de vista jurídico, la ley Sapin II ya prevé la formación de directivos y personal expuesto, orientada a situaciones de riesgo concretas. Las recomendaciones de la AFA destacan que debe ser regular y adaptado a las profesiones.

De hecho, muchas empresas se conforman con un formulario online o una cláusula contractual, sin una pedagogía detallada por tipo de riesgo, sector o país. Las ofertas estandarizadas utilizan contenidos genéricos, pero abordan mal los casos concretos que encuentran los vendedores, compradores o gerentes de sucursales. Sin embargo, en materia penal, el empleado sigue estando personalmente expuesto: una formación superficial hace más difícil demostrar que estaba realmente preparado para rechazar un soborno o un pago en efectivo.

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Este punto ciego crea un cambio de responsabilidad. Sobre el papel, la empresa cumple con todos los requisitos: programa implementado, estatutos firmados, oferta de aprendizaje electrónico; En el campo, los gerentes intermedios y operativos se encuentran en primera línea con un documento a veces poco leído como única brújula. Los controles de la AFA muestran que las autoridades ahora están analizando la distribución real: tasa de finalización, segmentación por países, escenarios, recordatorios.

La cadena de subcontratación, un punto ciego

El otro punto ciego es la cadena de valor. Según la CoP 2025, el 45% de las empresas francesas encuestadas afirma haber ampliado su programa anticorrupción a sus proveedores, subcontratistas y prestadores de servicios, un nivel inferior al observado en el resto del mundo, donde una cuarta parte de las empresas ya forma a sus socios. Esta extensión es más común entre las empresas más antiguas del Pacto Mundial, que integran aún más sus cadenas de valor. Para gran parte del tejido francés, la frontera del respeto todavía se detiene en las puertas de la sede o de la sucursal directa.

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La comparación internacional añade presión competitiva. Mientras que los grupos más avanzados utilizan el cumplimiento de las normas anticorrupción como criterio para seleccionar a sus subcontratistas, algunas empresas francesas corren el riesgo de ser percibidas como el eslabón débil, debido a la falta de difusión de sus normas fuera de su organización. El sistema CoP muestra que las empresas con más de diez años de membresía ya están en esta trayectoria.

El endurecimiento de los controles extrafinancieros

Bajo el impacto de la Directiva Europea sobre Informes de Sostenibilidad (CSRD), las expectativas de los inversores y los poderes ampliados de la AFA, las pruebas anticorrupción se están volviendo tan sensibles como el índice de solvencia. Mientras que ayer bastaba con un código de conducta, ahora las empresas deben documentar la implementación real: ritmo de formación, número de alertas, auditorías de terceros, decisiones tomadas sobre casos concretos. La guía de la AFA sobre investigaciones internas establece esta cultura de trazabilidad.

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Sobre el papel, el capitalismo francés ha adquirido en apenas unos años un arsenal anticorrupción cercano a las mejores prácticas internacionales. Otra batalla comienza en el terreno: capacitar a empleados con exceso de trabajo, desafiar a socios históricos, aceptar alarmas inquietantes. A este precio, los charters dejarán de ser una simple coartada y se convertirán en una auténtica herramienta de protección, tanto para la empresa como para su cadena de valor.

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