En el marco de los debates relanzados con motivo de los Estados Generales de Bioética, el CESE defiende la despenalización de las pruebas genéticas “con fines estrictamente genealógicos”, con “numerosas condiciones”.
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¿Debería Francia permitir el libre acceso a las pruebas genéticas? Esta delicada cuestión resurge durante los Estados Generales de Bioética, lanzados en enero. El Consejo Económico, Social y Medioambiental (CESE) pidió el miércoles 15 de abril que se legalicen las pruebas de ADN, pero sólo con fines genealógicos, para “Aléjate de la hipocresía jurídica” actual “y proteger mejor a los franceses”. En esta fase, la realización de una prueba genética en privado sin prescripción médica o mandato judicial está prohibida y sancionada con una multa de 3.750 euros.
Cada año, entre 100.000 y 150.000 personas eluden la ley mediante kits accesibles en Internet, que envían una muestra de sangre o saliva a empresas extranjeras. Este “brecha creciente” La relación entre la ley y sus elusiones es problemática, considera Cese, advirtiendo en particular contra el envío de datos sensibles sin garantías de protección. El cuerpo también indica “nuevas necesidades insatisfechas” búsqueda de orígenes (nacimientos bajo X, ART con tercer donante, etc.) e “acceso gratuito a tu propia historia”conectado a un “evolución de los conceptos de paternidad y filiación”.
Por tanto, el Consejo Económico, Social y Medioambiental considera posible que Francia despenalice las pruebas de ADN de libre acceso. “para fines estrictamente genealógicos”con “numerosas condiciones y protecciones” (consentimiento informado, almacenamiento e interpretación de datos en la UE…). Las pruebas genéticas con fines médicos, que permiten en particular determinar la predisposición a las enfermedades, deben permanecer “estrictamente controlado” y aquellos que afirman establecer orígenes étnicos siguen “prohibido”.
La posición del CESE es coherente con el reciente dictamen de un comité de ciudadanos, creado junto con el Comité Consultivo Nacional de Ética para contribuir a las reflexiones de los Estados Generales sobre la bioética, con vistas a una posible revisión legislativa después de 2027. De los 28 ciudadanos del comité, 23 recomendaron, por tanto, una legalización supervisada de las pruebas de ADN con libre acceso sólo para conocer el origen familiar. Cinco defendieron el mantenimiento de la prohibición, planteando en particular el riesgo de “Mercantilización y pérdida de soberanía de los datos”.