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Cuando hablamos de consentimiento debemos ser muy claros: no hablamos de una palabra abstracta. Estamos hablando de responsabilidad.

En WeWorld llevamos más de una década trabajando para combatir la violencia contra las mujeres. Lo hacemos en los territorios, en el día a día, pero también lo hacemos a través de la prevención y la investigación. Porque sin un cambio cultural profundo la violencia no cesa. Y en este trabajo, El consenso se ha convertido en un punto central..

No siempre fue así. Si hoy esta palabra ha entrado en el debate público es también gracias a quienes la han concienciado a lo largo del tiempo. Para nosotros Alley Oop ha sido y es un aliado fundamental en este viaje. Pero hoy vivimos un momento delicado. Porque a medida que el consenso se vuelve cada vez más central, también existe el riesgo de que vaciado de significado. Y luego tiene que haber claridad.

El consentimiento no es la ausencia de un no. Esto no es algo que se pueda suponer. No es silencio. El consentimiento es un sí libre, explícito y consciente. Y esto tiene una consecuencia muy concreta: nos pone en duda directamente, hombres. Soy un hombre. Y creo que ese es exactamente el punto. Llevamos demasiado tiempo contándonos dos historias falsas: la del “príncipe azul” que salva y la de la mujer “a proteger”. Son historias que parecen positivas, pero que en realidad nos eximen de cualquier responsabilidad.

El consenso, en cambio, nos devuelve a ese punto. Nos dice que no basta con “no hacer daño”. No basta con esperar. No basta con interpretar. Requiere que estemos activos. De escuchar. Por comprobar. De cuestionarnos a nosotros mismos. Porque el consentimiento no es una formalidad. Es una relación. Y si nos tomamos las cosas en serio, el papel masculino cambia: ya no es espectador, ya no es juez, sino responsable del encuentro.

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