La “ruptura” entre Europa y Estados Unidos comenzó a producirse durante una cumbre de emergencia convocada en Bruselas a finales de enero, tras la operación estadounidense en Venezuela y las repetidas amenazas de Donald Trump sobre la adquisición de Groenlandia. Esto es lo que reconstruyó el Wall Street Journal en vísperas de la cumbre de la OTAN en Ankara, basándose en entrevistas con jefes de gobierno, ministros, altos funcionarios y documentos confidenciales.
Según el periódico, el presidente francés, Emmanuel Macron, abrió el debate advirtiendo: “Estamos trazando una línea sin vuelta atrás” y subrayando que la excesiva dependencia de Europa de Estados Unidos representa ahora “un riesgo para la seguridad”. Fue la misma semana en que soldados franceses estaban en Groenlandia junto con fuerzas especiales danesas equipadas para el conflicto armado con Estados Unidos.
Algunos líderes han acusado a la administración Trump de estar más interesada en acuerdos mineros y energéticos que en el tradicional papel global de Estados Unidos, mientras que el primer ministro belga, Bart De Wever, advirtió que Europa corre el riesgo de convertirse en “una esclava miserable” de Washington.
La posición de Meloni
En la reunión, informó el periódico, la primera ministra Giorgia Meloni fue una de las pocas voces fuera del coro. Si bien reconoció que a muchos líderes europeos “más liberales” no les agradaba Trump, supuestamente argumentó que “todavía podemos razonar con el presidente estadounidense”, instándonos a no interrumpir el diálogo con Washington.
Según el WSJ, sin embargo, la posición del primer ministro cambió en los meses siguientes: en la cumbre europea de marzo, tras el inicio de la operación militar estadounidense contra Irán y el consiguiente aumento de los precios de la energía en Europa, Meloni también revisó su opinión, confiando a otros líderes que “Trump no es razonable”.
La estrategia de Rutte para mantener la unidad de la Alianza
Se dedica un gran espacio a la estrategia desarrollada por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, calificada como “diplomacia de la adulación”. En una reunión confidencial con líderes europeos, Rutte habría resumido su enfoque diciendo: “Debemos darle la victoria”, proponiendo aumentar el gasto en defensa al 3,5% del PIB para mantener a Trump vinculado a la Alianza. Incluso sobre este punto, Meloni habría manifestado su apoyo en principio, explicando que “le gustaría gastar más”, pero que “la opinión pública se opone muy a ello” y que “las normas presupuestarias de la Unión Europea no lo permiten”.
El Wall Street Journal reconstruye también las negociaciones que precedieron a la última cumbre de la OTAN, en la que Washington pidió a los aliados que se comprometieran a gastar el 5% de su PIB en defensa hasta 2035. Rutte convenció a muchos gobiernos para que aceptaran el nuevo objetivo, explicando que “la cifra era la victoria que Trump necesitaba”, aunque creía poco probable que los países cumplieran plenamente el objetivo.
Meses con malos resultados
En la cumbre de la Alianza en La Haya, según el periódico, Trump afirmó que la OTAN “ya no es un asunto que genera pérdidas para Estados Unidos”, mientras que los líderes occidentales le agradecieron públicamente por fortalecer la Alianza, en una escena que, según algunos participantes, ocultaba sin embargo una “profunda ansiedad”. Según el periódico, en los meses siguientes, los líderes europeos también intentaron adaptar el lenguaje a las preferencias del presidente estadounidense.
Según los informes, los mensajes enviados a Trump imitaron el tono y el estilo del presidente, mientras que frases como “alto el fuego” en Ucrania fueron reemplazadas por frases más aceptables para la Casa Blanca, como “detener la matanza”. Sin embargo, esta estrategia produciría resultados cada vez más limitados. Un informe confidencial del MI6 británico, citado por el periódico, concluyó que esta forma de diplomacia estaba ahora “sujeta a la ley de los rendimientos decrecientes”.
El comienzo de la desamericanización
Por último, el artículo destaca el papel del primer ministro canadiense, Mark Carney, que, aunque no estuvo presente en las cumbres europeas, intentó convencer a los aliados de que “la vieja América no volverá” y que la dependencia estratégica de Washington representa un problema estructural. Al mismo tiempo, varios gobiernos europeos han iniciado un proceso de “desamericanización” gradual, reduciendo el uso de tecnologías estadounidenses e invirtiendo en capacidades europeas en los sectores de la inteligencia artificial, el espacio y los centros de datos, al tiempo que evalúan una menor dependencia de Estados Unidos también a nivel militar y digital.
Para muchos líderes citados por el Wall Street Journal, la cumbre de Bruselas marcó el momento en que Europa comenzó a cuestionarse concretamente sobre un futuro estratégico más autónomo en relación con Washington.