Luego están las organizaciones intermediarias como la CISL Lombardia, que sitúa el estrés en el trabajo como el primer motivo de salida, antes que el clima empresarial y la remuneración. Datos serios, pero fragmentados.
Esto parece una cuestión técnica. Este no es el caso. Cuando un país no mide el costo del desgaste psicológico en el trabajo, ni siquiera puede decidir cómo prevenirlo y termina invirtiendo insuficientemente los recursos públicos dedicados al trabajo en sí.
Políticas activas, incentivos al empleo, prestaciones por desempleo, amortiguadores, formación: todo está calibrado según la idea de un trabajador que nunca cae enfermo en su cabeza. Los recursos llegan río abajo, cuando la persona ya salió del mercado, cuando el daño ya afectó al sistema de salud, al NASpI, a las familias. Nunca aguas arriba, donde costarían menos y generarían más.
Con Público, la fuerza cívica que llevó al Senado el proyecto de iniciativa popular “Derecho al Bienestar” con más de 70.000 firmas, pedimos revertir la perspectiva. Proponemos la creación de una Red Psicológica Nacional integrada en el SNS, universal y permanente, que actúe también en el ámbito laboral: equipamientos territoriales accesibles, cursos de prevención, apoyo estructurado a quienes corren el riesgo de ser expulsados de su puesto de trabajo por su propio malestar. Ni un bono, ni un vale, ni una respuesta individual. Una infraestructura de inversión en capital humano del país que produzca servicios en contextos comunitarios pero también datos, a través de experimentos y la implementación local de una verdadera cultura de impacto cuando hablamos de inversión pública.
Las cifras, las recogidas, son inequívocas. El informe PsyCARE de la Orden de Psicólogos mostró que el bono psicólogo de 2022, con 25 millones invertidos, generó 312 millones de ahorro en bajas evitadas: doce euros devueltos por cada euro gastado.