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En TikTok y en la vida real está surgiendo una nueva estética masculina, irónicamente llamada “masculina performativa”. Matcha latte en mano, cámara analógica alrededor del cuello, bolso de lona del mercadoBirkenstock Boston, vaqueros japoneses con orillo y un libro, preferiblemente de una autora independiente como Sally Rooney, siempre a la vista. Es el chico sensible, culto, ecologista y feminista. La última evolución del masculino que quiere parecer “suave” y lejos de la masculinidad tóxica.

El fenómeno ya ha producido, desde Seattle hasta Yakarta, auténticas “competencias performativas masculinas”: reuniones de veinteañeros con bigotes finos, pendientes, vinilos raros, música de autor en auriculares y declaraciones progresistas listas para ser filmadas. ¿Una caricatura? Sí, pero no sólo eso. Porque detrás de la ironía se esconde toda una imaginación que redefine la forma en que los niños quieren ser percibidos y la forma en que las niñas los miran.. Por otro lado, aparece otra palabra clave en la gramática sentimental de 2025: mankeeping. El nombre es menos glamoroso, el problema mucho más concreto: hombres que logran abrirse emocionalmente sólo a su pareja, transformándola en su “administradora emocional”. Dos fenómenos especulares, dos caras de una misma tensión: el hombre que aparece mucho más de lo que siente, y el hombre que sólo siente si alguien, generalmente una mujer, le sirve de intermediario.

Según Alessandra Salerno, profesora de psicología dinámica de la Universidad de Palermo, experta en relaciones de pareja y familiares, estas tendencias no son sólo modas pasajeras. “Representan dinámicas reales, hijas de transformaciones más amplias de las relaciones de pareja y de la familia contemporánea. El riesgo, sin embargo, es que en las redes sociales se conviertan en etiquetas y parodias, simplificando conceptos que en cambio son profundos y complejos.El performativo masculino “es una performance porque muchas veces el cambio no nace de una reflexión profunda, sino de una necesidad de visibilidad y aprobación. En ciertos casos, sin embargo, detrás de la apariencia se esconde una sensibilidad real”, explica Salerno. Este modelo de hombre tiene una gran demanda porque representa una alternativa positiva a las figuras masculinas estereotipadas o violentas, pero contiene una ambigüedad: “Si el comportamiento surge de una necesidad y no de un deseo, corre el riesgo de ser superficial, inauténtico. Algunos hombres lo utilizan incluso como estrategia para atraer parejas, sin haber interiorizado un cambio real”.

Según Salerno, el fenómeno mankeeping confía, sin embargo, la gestión emocional a la pareja: ella coordina la familia, los hijos, las relaciones y la vida cotidiana, mientras que él se limita a la esfera exterior. “Esto puede crear un desequilibrio. El hombre se limita a la esfera exterior, mientras que la mujer lleva el peso de la vida emocional.. Esta sobrecarga puede generar conflictos y frustraciones”, explica Salerno. “La gestión no es sólo un comportamiento relacional, sino también cultural”, añade. Es un reflejo de antiguas divisiones de género: la mujer se ocupa de las personas, el hombre se ocupa de las cosas. Aunque muchas parejas hoy en día experimentan con roles más intercambiables, la tradición continúa dejando su huella. “Cuando la mujer asume toda la gestión emocional y el hombre delega, el desarrollo emocional del hombre es limitado y se crea un círculo cerrado dentro de la pareja.

Las redes sociales han amplificado estas dinámicas, ofreciendo lenguajes accesibles e irónicos. “Pueden estimular el pensamiento, pero corren el riesgo de trivializar fenómenos complejos. A menudo quienes crean contenido no buscan profundidad, lo que aplana los cambios reales”, dice Salerno.

La exposición constante a la performance puede generar imitación: “Si un joven ve en TikTok a un chico mostrando sensibilidad, puede reproducir sus gestos sin haber sufrido ningún cambio interno. El riesgo es que la sensibilidad se convierta en un hábito y no en una auténtica transformación”.

La masculinidad performativa y el mankeeping son fenómenos especulares: resaltan la tensión del hombre contemporáneo entre aparecer y sentir. “Por un lado, están quienes quieren parecer empáticos y alejados de la masculinidad tóxica; por el otro, aquellos que tienen dificultades para gestionar sus emociones en el día a día y delegarlas en sus parejas. Ambos reflejan una reorganización de los roles masculinos en las relaciones”, resume Salerno.

A pesar de todo, las parejas dan signos de un verdadero cambio: los hombres están más presentes con sus hijos y en las relaciones, las mujeres son más pragmáticas y organizativas. “El cambio está en marcha, pero requiere conciencia. No se mide en las redes sociales, sino en la capacidad de integrar la emoción, la afectividad y el pragmatismo en la vida cotidiana”.

Para Salerno lo principal radica en la educación de las emociones desde la infancia. “No se trata sólo de educación emocional, sino también de salud mental. Aprender a gestionar las emociones y las diferencias de género desde la infancia evita desequilibrios y conductas tóxicas en la edad adulta”. La escuela, los psicólogos, el profesorado y las familias tienen un papel clave: ofrecer modelos equilibrados y no reducir las emociones al desempeño social. “Si estas cuestiones no se abordan con atención, se corre el riesgo de que las nuevas generaciones crezcan con máscaras emocionales y no con una verdadera conciencia”, concluye Salerno. La masculinidad performativa y el mankeeping no son, por tanto, simples tendencias virales: son el espejo de un cambio cultural en curso, una invitación a reflexionar sobre la masculinidad contemporánea, sobre las relaciones de pareja y sobre la necesidad de equilibrio y autenticidad entre las parejas.

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