Imagine un río caudaloso, una arteria vital que atraviesa el oeste americano y da forma al paisaje siglo tras siglo. El Colorado, así se llama, puede rastrearse en geología hasta hace 11 millones de años, pero su trayectoria, desde el actual Colorado y cruzando el Gran Cañón hace unos 5-6 millones de años, sigue siendo un misterio: desapareció repentinamente. Sin salida, sin lago, nada. Hasta ahora nadie podía decir con certeza cómo el río logró atravesar las tierras altas para terminar su curso en el Golfo de California.
Este enigma, digno de un verdadero “caso sin resolver” científico, acaba de encontrar su conclusión gracias al duro trabajo de los geólogos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Al explorar las tierras de la Nación Navajo cerca del Gran Cañón, el equipo de investigación descubrió que el río no había simplemente desaparecido: se había transformado. Durante mucho tiempo, el Colorado simplemente dejó de fluir hacia el Océano Pacífico y desembocó en una inmensa cuenca natural, una especie de mar interior olvidado por el tiempo.
El estudio, publicado en la revista Science el 16 de abril y relanzado por el medio online estadounidense The Debrief, se basa en una pequeña pero indestructible evidencia: el circón. Cristales microscópicos, que DR John He, autor principal del estudio, se describe a sí mismo como “pequeñas cajas fuertes”conservan una firma química única vinculada a su lugar de nacimiento. Al analizar muestras de arenisca tomadas de tierras navajos, los investigadores se dieron cuenta de que estos cristales procedían directamente del alto Colorado, lo que demuestra que el río realmente abastecía esta zona en ese momento.
John destaca la importancia de esta conexión: “En cierto modo, se puede considerar esto como el nacimiento del río Colorado tal como lo conocemos hoy. Hay ríos por todas partes, pero un río que transporta agua y sedimentos a través del continente conecta la vida en toda la región”. Este descubrimiento confirma que la Cuenca del Colorado estaba integrada de manera coherente, alterando el ecosistema local en ese momento.
El gran desbordamiento
Pero, ¿cómo pudo el río continuar su camino cuando estaba bloqueado por inmensas formaciones geológicas como la meseta de Kaibab (norte de Arizona)? Los investigadores tienen una teoría, la del “desbordamiento del lago”: el lago Bidahochi, hoy desaparecido, habría ocupado la región hace entre 6 y 16 millones de años y habría actuado como un inmenso receptáculo. Más grande que el lago Michigan (en el norte de Estados Unidos), se habría llenado pacientemente hasta que, bajo la presión constante de las aguas del Colorado, habría acabado desbordándose, como una bañera desbordada, hundiéndose así en la roca para crear el paso hacia el sur.
Este proceso no fue repentino, pero sí radical. Al forzar este paso, el río inició la profunda excavación de lo que se convertiría en el Gran Cañón. “Algunas secciones probablemente fueron talladas recientemente y otras se habrían profundizado significativamente por la integración del río Colorado a lo largo de millones de años”explica Ryan Crow del Servicio Geológico de Estados Unidos. Es esta fuerza hidráulica hercúlea la que ha dado al paisaje su forma actual y espectacular.
Este estudio no se trata sólo de números e isótopos, es una investigación de campo donde cada pista cuenta: desde fósiles de peces hasta ondas congeladas en piedra, todo cuenta una historia de supervivencia y adaptación. Los investigadores tuvieron que trabajar en estrecha colaboración con las autoridades locales y varias universidades para juntar las piezas de este gigantesco rompecabezas que abarca miles de kilómetros cuadrados.
“Creo que hay algo único e inquietante cuando la historia del planeta se cuenta ante nuestros ojos, concluye el dR Juan Luis. Pero no podemos leerlo en su totalidad”. Gracias a estos pequeños granos de circón, finalmente se ha revelado una página importante de esta historia.