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Esta noche, a las 21 horas. Hora de Italia, en el Azteca de México, la selección local y Sudáfrica inaugurarán el Mundial de Fútbol 2026. Será la primera edición organizada por tres países -México, Estados Unidos, donde se jugarán dos tercios de los partidos, y Canadá- y, sobre todo, la primera en una versión extra grande con 48 selecciones nacionales (en Qatar, en 2022, sólo se admitieron 32 equipos). La competencia se llevará a cabo durante 39 días y la gran final tendrá lugar en el MetLife Stadium de Nueva York el 19 de julio.

La Copa Mundial de la FIFA, que Gianni Infantino definió sin vacilar como “el mayor acontecimiento que la humanidad haya conocido jamás”, está a punto de convertirse, sobre todo, en el mayor acuerdo económico de la historia del deporte mundial. El ciclo de cuatro años que culmina este verano traerá alrededor de 14 mil millones de dólares a las arcas de la FIFA, de los cuales alrededor de 11,5 mil millones de dólares se relacionarán con la Copa Mundial de 2026 (los otros eventos importantes de la FIFA, la Copa Mundial de Clubes de 2025 y la Copa Mundial Femenina de 2023 aportaron 2 mil millones de dólares y poco menos de 600 millones de dólares, respectivamente).

De hecho, la FIFA ya había alcanzado para el ciclo 2019-2022 la cifra récord de ingresos de 7,5 mil millones de dólares (lo que supone un aumento del 18% respecto a los 6,4 mil millones del período 2015-2018), gracias a la Copa del Mundo de Qatar capaz de producir los mayores ingresos de la historia para un torneo mundial con 6,3 mil millones de dólares. Alrededor de 930 millones se generaron por la venta de entradas (666) y derechos de hospitalidad (243), 3.400 millones por derechos de televisión y alrededor de 2.000 millones por derechos comerciales (patrocinio y licencias).

Además, desde esta edición, la gobernanza económica del campeonato mundial ha cambiado. Después de la experiencia provisional en Qatar, la FIFA gestionó por primera vez todos los niveles de ingresos de forma independiente (solo para la hostelería, confió en On Location, que también se encargó de ello para los Juegos de Milán Cortina). La plena independencia económica, combinada con una situación geográfica favorable con franjas horarias más atractivas para Europa y América del Norte y la ampliación del torneo, con un número de partidos que pasó de 64 a 104, han permitido al director comercial de la FIFA, Romy Gai, aprovechar al máximo el potencial del evento.

Empezando por los derechos de televisión y medios de comunicación, que siguen siendo la principal fuente de ingresos, con más de 5.000 millones procedentes de acuerdos con emisoras y plataformas. La FIFA también ha comenzado a monetizar nuevos espacios digitales, cediendo derechos parciales de retransmisión en plataformas como YouTube y TikTok, con el objetivo de interceptar a las nuevas generaciones.

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