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“La conducta que seguí fue mala pero la situación era muy confusa, no recuerdo haber robado el escudo pero recuerdo pasárselo a otros en la confusión (…) Recuerdo haber robado el bastón pero lo hice en defensa propia, no fue mi intención usarlo para causar daño, nunca me sentí cómodo con la violencia (…) No recuerdo patear, no me comporto normalmente no de manera violenta, no responde a lo que creo, tal vez en ese momento quise distanciarme para evitar el No era mi intención causar daño y lo siento. En las semanas siguientes lo pensé mucho pero en ese momento era difícil tener una actitud clara.

Así, durante su interrogatorio ante el juez de instrucción Giulia D’Antoni, el profesor Demetrio Marra se defendió el 25 de marzo, profesor de un colegio milanés, acusado de los enfrentamientos ocurridos en la estación central al final de la manifestación propalestina del 22 de septiembre de 2025. Además de los enfrentamientos, Marra está acusado de robo por haber robado el escudo y la porra de un oficial de policía, pero la Fiscalía solicitó la desestimación de la acusación. Un gesto inesperado, dado que durante el interrogatorio, el profesor admite haber cogido tanto el escudo como el bastón (y no podría haberlo hecho de otra manera, dado que está representado en varias imágenes, bastante reconocibles). Pero la fiscalía explica en la solicitud que se trata de un paso casi obligatorio, dado que cuando el fiscal solicitó la detención de Marra, el juez consideró que las pruebas eran insuficientes. Y si hubiera un juicio, terminaría igual.

Pero si, además del interrogatorio, leemos también los demás documentos depositados en los últimos días a disposición de las víctimas (incluido el policía asaltado durante los enfrentamientos), parecen surgir ciertos elementos contra Marra. De la anotación Digos de mediados de noviembre que indica detalladamente cómo en el ataque a la estación “detrás de la escalada violenta se encuentran las intenciones precisas y la conducta deliberada de los activistas del centro social Lambretta que lograron elevar el nivel de tensión (…) caracterizado por un deseo de devastar, saquear la estructura de la estación y las zonas inmediatamente adyacentes, así como atacar a las fuerzas policiales desplegadas para proteger la propia estructura”.

“Todos los sospechosos – escribe Digos – están impulsados ​​por la misma voluntad y cada uno aporta su contribución criminal decisiva”. Incluyendo a Marra, quien “ataca y golpea al personal del departamento”. Es él quien dirige la redada, “sacude la puerta y, en colaboración con los manifestantes, consiguen forzarla y Marra anima a los manifestantes a entrar”. El docente es identificado como “sujeto A” quien agrede al agente CD: “Agarró mi escudo y el bastón proporcionado, intentando quitarme disponibilidad pateándome violentamente en las piernas”.

“A” y sus compañeros logran aislar al agente de sus compañeros, momento en el que el policía deja caer su escudo y porra para evitar problemas mayores y logra llegar al departamento. Entre las explicaciones que da el profesor a su comportamiento, hay una casi psicoanalítica: “Me cuesta separarme de los demás. Voy a terapia para eso”.

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