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El sueño reducido al mínimo debido al incesante ritmo de trabajo y a la dificultad incluso para gestionar las comidas. Es una visión sin precedentes de la vida al frente del gobierno del primer ministro japonés. Sanae Takaichiexactamente seis meses después de su toma de posesión, informaron medios japoneses. “Me gustaría dormir un poco más”, confió el líder a un veterano de la política japonesa, elex ministro Akira Amaridespués de una reunión en su oficina.

La propia Takaichi, de 65 años, la primera mujer al frente del ejecutivo japonés tras la victoria en las primarias del partido gobernante el pasado octubre, marcó el inicio de su mandato con un eslogan que luego se convertiría en eslogan en 2025: “Trabajar, trabajar, trabajar, trabajar y volver a trabajar”. Una línea que, como se desprende, se refleja ahora en una vida cotidiana compuesta por una agenda muy ocupada y con poco descanso, en un país donde está arraigada la cultura del sacrificio profesional.

Tras trasladarse con su marido a finales del año pasado – a pocos pasos de su oficina – a la residencia oficial, la Primera Ministra ya había admitido a principios de abril, durante una audiencia parlamentaria, que el tiempo de descanso era “bastante limitado”, también debido a su compromiso con las tareas domésticas. “El resto del tiempo lo dedica a trabajar”, ​​explicó, señalando que a menudo prefiere llevarse los expedientes a casa para no obligar al personal y a los guardias de seguridad a esperar largas horas en la oficina. La gestión de las comidas no es menos compleja.

En febrero pasado, Takaichi habló de restricciones en la residencia oficial que le impedirían comprar o pedir comida desde el exterior. “Si se quedan sin alimentos congelados, se acabó”, dijo con tono práctico. Un tema que también surgió en la entrevista con Amari, que habló a los periodistas de las dificultades del líder también en este frente, constatando una sinceridad inesperada por parte del primer ministro y quizás también un rostro más humano.

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