NoAmar la creación: lo que nos conecta, nos despierta, nos interroga y nos libera. Acompaña nuestras vidas, da forma a nuestro imaginario colectivo y sigue siendo uno de los lugares donde se construye nuestra capacidad de emancipación. Sin embargo, quienes están detrás de todo el trabajo siguen operando en un punto ciego de protección social. Crear es una profesión; Es hora de reconocer plenamente la condición de los artistas-autores concediéndoles derechos de seguro de desempleo.
La economía cultural depende en gran medida de nuestro trabajo. Nuestras creaciones generan actividad económica que sustenta los sectores de la música, el arte contemporáneo, el cine, el audiovisual, la edición y el diseño, representando casi un millón de puestos de trabajo. En 2022 el sector cultural representó 100 mil millones de euros de facturación.
Las sumas generadas por este mercado son colosales, pero no tienen relación con nuestras condiciones de vida.
El reciente informe de los diputados Soumya Bourouaha (Partido Comunista) y Camille Galliard-Minier (Juntos por la República) sobre la “continuidad de los ingresos de los artistas-autores” confirmó que nuestro sector se ve afectado por una precariedad sistémica, desigualdades masivas y exclusión del reparto del valor. Todo esto combinado con la falta de derechos sociales: no nos beneficiamos del reconocimiento en caso de accidente de trabajo o enfermedad profesional, ni de vacaciones pagadas, ni del seguro de desempleo.
Nunca pagué por tiempo de investigación
Sólo nos pagan cuando se explota la obra, nunca por el tiempo de investigación y creación que le dio origen. Pero crear lleva tiempo. Una vez que se completa el trabajo, es posible que recibamos ingresos basados en su venta o distribución. A la espera de estas hipotéticas repercusiones económicas, debemos responsabilizarnos de este tiempo de trabajo y de los gastos que conlleva.
Durante todo este tiempo, los artistas están activos y trabajando. Debido a la discontinuidad de nuestra remuneración, la mayoría de los artistas se ven obligados a pasar tarde o temprano por la caja del Ingreso Activo Solidario (RSA). Ésta es la única red de seguridad inadecuada que se nos ofrece, pero no sin provocar tensiones con las administraciones responsables de los mínimos sociales.
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