En una época de identidades fluidas, poliamor, separaciones rápidas e individualismo llevado al extremo, el texto doctrinal publicado por León XIV ciertamente va contra la corriente. El elogio de la monogamia (entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio), sin añadir nada nuevo a la doctrina tradicional de la Iglesia, sigue siendo un punto fijo sobre el que los fieles deben empezar de nuevo y reflexionar.
El sexo conyugal según la Nota es una bendición y la pareja tiene descendencia preexistente. La pareja se define como “un bien esencial del matrimonio, la unión única y exclusiva entre una sola mujer y un solo hombre o, en otras palabras, como la mutua pertenencia de ambos, que no puede compartirse con otros”.
El documento publicado por el Dicasterio de la Doctrina de la Fe y aprobado por el Papa León subraya que “esto puede parecer extraño o contra corriente, pero podemos aplicar las siguientes palabras de San Agustín: ‘Dadme un corazón que ame y entenderá lo que digo’”.
Por tanto, la monogamia no es simplemente lo opuesto a la poligamia. “Es mucho más, y su análisis en profundidad permite concebir el matrimonio en toda su riqueza y fecundidad.
La cuestión está íntimamente ligada a la finalidad unitiva de la sexualidad, que no se reduce a garantizar la procreación, sino que contribuye al enriquecimiento y fortalecimiento de la unión única y exclusiva y del sentimiento de pertenencia mutua. » En cuanto al sexo, retomando la enseñanza de San Juan Pablo II, se recuerda que fortalece la unión entre los cónyuges: “Si uno se vuelve contra sí mismo y sus necesidades inmediatas, y utiliza al otro como único medio de liberación, el placer lo deja aún más insatisfecho y el sentimiento de vacío y de soledad se vuelve más amargo. »
El documento, explicó el cardenal Víctor Fernández, teólogo argentino y prefecto del antiguo Santo Oficio, toma en serio el actual contexto global “de desarrollo del poder tecnológico, en el que el ser humano se ve tentado a considerarse como una criatura sin límites, capaz de realizar todo lo que imagina. De esta manera, se oscurece fácilmente el valor de un amor exclusivo, reservado a una sola persona, lo que implica de por sí la libre renuncia a muchas otras posibilidades”.
Según él, podemos hablar de una “amistad conyugal” que está “llena de conocimiento mutuo, de aprecio por el otro, de complicidad, de intimidad, de comprensión y de paciencia, de búsqueda del bien del otro, de gestos sensibles, en la medida en que va más allá de la sexualidad, al mismo tiempo que la abraza y le da su significado más bello, más profundo, más unitivo y más fecundo”.
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