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Casualmente, nuestro encuentro con Francesco Sossai, en 8Y barrio de París, está ambientada en la ciudad de Treviso, precisamente la ciudad donde vive el cineasta, en el Véneto. Parece ser el tema de su segundo largometraje, El último para el camino.cuyo éxito, desde su presentación en la sección Un cierto consciente del Festival de Cannes en 2025, no se puede negar: imposible, para el trío de protagonistas, escapar al poder de atracción de esta región del noreste de Italia, por desolada que sea. Es también el drama de este director de 37 años. Barba castaña, pantalones de terciopelo, palabras en voz alta, recuerda sus andanzas.

Véneto te atrapa constantemente. ¿De dónde viene esta fatalidad?

Crecí en Sedico, un pequeño pueblo de montaña, en el valle que va de Feltre a Belluno. Intenté por todos los medios escapar de esta región. Estudió literatura en Roma y luego dirigió en Berlín. Y también ir, con un amigo, a Argentina, al pie de los Andes. Nos ganábamos la vida con diversos trabajos agrícolas, fantaseábamos con un destino de bandidos, como Billy el Niño… Casi rompí mi pasaporte, luego me di la vuelta. Padua, Venecia, Treviso, he vivido en muchos lugares, siempre en la llanura veneciana. Es un imán, una maldición. Por mucho que viajemos, nos exiliemos, nos desplacemos, siempre volvemos sobre nuestros pasos.

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