de Venecia
Casi diez años de intensa relación, la del artista Lorenzo Quinn y la Serenissima. Venecia lo adoptó y le devolvió el favor con instalaciones públicas que entraron con fuerza en el imaginario colectivo, convirtiéndose muchas veces en el contenido más viral en las redes sociales durante los días del evento lagunero. Ahora es imposible olvidar las monumentales manos blancas de Support que, en 2017, emergieron de las aguas del Gran Canal para apoyar simbólicamente Ca’ Sagredo: una obra que gritó al mundo la fragilidad de la ciudad ante la amenaza del cambio climático. O los seis pares de manos de Building Bridges en el Arsenale en 2019, arcos de carne y hueso destinados a simbolizar valores universales como la fe, la esperanza y el amor.
Lorenzo Quinn ha seguido tejiendo este diálogo con la Laguna a través de importantes intervenciones: desde Baby 3.0 en 2022, instalado en el Jardín de la Ciudad Metropolitana para esperar un nuevo renacimiento de la humanidad, hasta el más reciente Souls of Venice, el proyecto que en 2024 rindió homenaje al legendario Marco Polo, setecientos años después de su muerte. Hijo del célebre actor ganador del Oscar Anthony Quinn y de la diseñadora de vestuario Iolanda Addolori, Lorenzo Quinn (nacido en el 66) lleva en su ADN el poder comunicativo de la narración. Si el padre dominaba la escena con su mirada y su voz, Lorenzo optó por dejar hablar el asunto. Tras formarse en la Academia Americana de Bellas Artes de Nueva York, el artista italoamericano abandonó muy pronto la interpretación para dedicarse exclusivamente a la plástica, eligiendo las manos como símbolo universal de creación, ayuda y unión. Son, todavía hoy, su firma estilística inimitable: herramientas capaces de romper barreras lingüísticas y culturales para llegar directamente al corazón del espectador.
Sin embargo, la fama de Quinn no se limita sólo a los canales venecianos. Su carrera internacional le ha llevado a convertirse en protagonista de instalaciones land art únicas, como Together (2021), presentada primero en Cannes y luego al pie de las pirámides de Giza en Egipto, o The Greatest Goal (2022), creada para el Mundial de fútbol de Qatar. Lugares simbólicos que Quinn habita con una estética que rechaza la provocación como fin en sí misma para buscar una responsabilidad compartida.
Hoy, en el frenesí de la inauguración de la sexagésima primera exposición internacional de arte de la Bienal de Venecia, el artista regresa al corazón de San Marco con un nuevo desafío expositivo. Lo hace en un lugar propio, a saber, los espacios de la Galería de Arte Contini, en la céntrica calle Larga XXII Marzo, donde se desarrolla la exposición personal Te Doy Mi Corazón (abierta hasta el 22 de noviembre, con inauguración oficial en presencia del artista el sábado 16 de mayo a las 18.30). Esta exposición representa la evolución natural de un viaje que comenzó el verano pasado en Forte dei Marmi, en los jardines del Alpemare de la familia Bocelli, y continuó este invierno entre las cimas de Cortina, en el animado clima olímpico. Quinn presenta en Venecia una selección de nuevas esculturas y pinturas donde el corazón y las manos vuelven a ser protagonistas absolutos. La investigación estilística se enriquece con nuevos materiales: además del bronce y el acero inoxidable, el artista experimenta con madera, resina y acrílico, dando forma a las emociones para hacerlas tangibles.
En una era dominada por la velocidad de los algoritmos y las abstracciones conceptuales, Quinn reivindica con contundencia el valor de lo figurativo y un mensaje abiertamente conciliador. “Prefiero seguir creando obras que inspiren amor y unidad”, explicó el artista, “incluso si el mundo parece favorecer el arte que promueve la controversia y la división”.