Cuatro días después del Beaujolais Nouveau, llegó la Equerre d’argent. Es la castaña del año arquitectónico. Ciertamente no es el único premio en esta disciplina, pero sí el más consolidado, ya que fue creado en 1960 por la revista arquitectura francesaLuego fue relanzado en 1983, después de una pausa de nueve años, por el grupo de prensa Le Moniteur, que desde entonces se encarga de su organización. Los candidatos pagan la cuota para participar (lo que periódicamente genera críticas por parte de la institución). La preselección está asegurada por los periodistas de las revistas. El Monitor Y AMC. Y los premios –la Plaza de Plata, el premio a la primera obra y otros cinco premios, cada uno de ellos correspondiente a una “categoría” de actividad- son otorgados por un jurado de profesionales.
Entregando el premio al grupo escolar Simone Veil, en Tremblay-en-France (Seine-Saint-Denis), el jurado de este 43Y La edición que se reunió el lunes 24 de noviembre en la Maison de la Radio pone de relieve una tendencia vigente desde hace varios años según la cual los arquitectos, animados por una relativa flexibilización de los cánones proyectistas en este ámbito, se apropian del tema de la escuela para repensar su funcionamiento. Quería subrayar una alianza particularmente fructífera entre la dirección de obras del municipio de Tremblay-en-France y los arquitectos del estudio Gaëtan Le Penhuel y asociados, que permitió llegar muy lejos en la reinvención de las formas de enseñar, de aprender y, en general, de vivir en una institución educativa. De hecho, el proyecto forma parte de un concurso lanzado por la Academia Créteil entre profesores. “pensar en la escuela de manera diferente”.
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