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Cinco meses antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva difícilmente podría haber imaginado un escenario peor. Reunidos en el Congreso, senadores y diputados brasileños votaron el jueves 30 de abril para revocar el veto presidencial contra el llamado “dosimetría”. El texto prevé una reducción de las penas para las personas condenadas por su participación en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023, liderado por el expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro, poco después de la victoria electoral del presidente de izquierda Lula.

La ley ya había sido aprobada por una amplia mayoría de los parlamentarios en diciembre de 2025, antes de ser derogada posteriormente por Lula, que eligió la fecha simbólica del 8 de enero para oponerse a su veto presidencial. Pero entonces el Congreso puede revocar este veto. Este jueves, 367 de los 594 parlamentarios votaron en contra de la decisión del presidente de izquierda.

El resultado, recibido con gritos de alegría y canciones dignas de los aficionados al fútbol por parte de los bolsonaristas electos, era ampliamente predecible: ya en diciembre pasado el texto había recibido el apoyo de 291 diputados y 48 senadores. Pero para el gobierno el revés no es menos grave, mientras Flavio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro y principal rival de Lula en las elecciones presidenciales previstas para octubre, afirma repetidamente que su padre y sus seguidores son víctimas de persecución política.

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