Ésta parece ser la buena apuesta de los mercados sobre el fin de la guerra entre Estados Unidos e Irán. Piazza Affari se acercó a los 50.000 puntos, un nivel no visto desde marzo de 2000, y el diferencial BTP-Bund se desplomó hasta los 74 puntos básicos. Wall Street también está alcanzando nuevos máximos. El Dow Jones subió un 1,24%, hasta 49.910,59 puntos, desde el máximo del Nasdaq que alcanzó 25.838,94 (+2,02%) y también del S&P 500, con 7.365,01 puntos (+1,46%). Estos datos por sí solos reflejan el panorama financiero de ayer: los mercados europeos están de acuerdo, la guerra en Oriente Medio ha llegado a su epílogo. No se trata de un simple giro técnico, sino de la culminación de una apuesta estratégica que los aranceles vienen realizando desde el inicio de las hostilidades, sopesando cada atisbo diplomático como una promesa de retorno al orden. Hoy, con el petróleo WTI desplomándose por debajo del umbral psicológico de 100 dólares, el gas cayendo un 6,63% y los rumores de un inminente memorando de entendimiento entre la Casa Blanca y Teherán, las finanzas están liquidando definitivamente la economía de guerra para recomprar la nueva ronda de expansión global.
El repunte es abrumador y ve a Milán liderando el sprint continental con una ganancia del 2,35% (FTSE MIB a 49.696 puntos), impulsada por un sector bancario en fibrilación y por las acciones industriales que brindan por la reapertura de las rutas comerciales. En el resto de Europa el clima es igual de incandescente: París (CAC 40 +2,94%) y Londres (FTSE 100 +2,15%) corren como locos, mientras que Frankfurt ha superado los 24.900 puntos (2,15%).
PASOS ANTERIORES
La apuesta por la paz ha vaciado los “refugios seguros” en favor del riesgo: la contracción del diferencial italiano, con un rendimiento a diez años del 3,73%, refleja un enorme retorno de la confianza en la sostenibilidad de la deuda italiana en un contexto de renovada estabilidad internacional.
Sin embargo, esta ola de optimismo no es un fenómeno repentino, sino la consolidación de una tendencia que se ha manifestado por etapas desde el 28 de febrero. Ya el lunes 16 de marzo, después de las primeras semanas de ventas indiscriminadas, el mercado daba signos de resistencia tras los primeros rumores procedentes de los canales diplomáticos suizos. Pero fue el lunes 30 de marzo, el “lunes de alivio”, el que marcó el punto de inflexión: la aceptación formal por parte de Irán del “Plan Islamabad” provocó una subida del S&P 500 del 3,4%, convenciendo a los inversores de que lo peor ya había pasado. El camino continuó luego con el “Brindis por la Tregua” del 8 de abril, cuando el anuncio oficial del alto el fuego devolvió los precios de las acciones a sus niveles anteriores a la guerra, hasta la consolidación del 4 de mayo, cuando los sólidos datos macroeconómicos de Estados Unidos confirmaron que la economía global había resistido el shock.
Sin embargo, mientras los mercados ponían fin al conflicto, ayer llegó desde el BCE un llamamiento al realismo. Piero Cipollone, miembro del ejecutivo, hablando en Milán en el Festival del Desarrollo Sostenible, siguió el camino ya trazado por Christine Lagarde, precisando que la euforia de los mercados bursátiles no anula las tareas de la política monetaria. “La situación actual parece desviarse del escenario base de nuestras proyecciones de marzo”, dijo Cipollone, “aumentando la probabilidad de un ajuste de tipos ya en la reunión del 11 de junio”, con una apuesta por un aumento del 0,25%. El punto planteado por el orador italiano es crucial: incluso si la paz está cerca, las tensiones energéticas de los últimos meses han reintroducido una volatilidad que corre el riesgo de arruinar la dinámica de los precios en el mismo momento en que la inflación se acerca al objetivo del 2%. El BCE se encuentra hoy en una paradoja operativa.
SEGUNDO IMPACTO
Debe gestionar el entusiasmo de un mercado que ya ha “integrado” el fin de la guerra, sin ignorar el riesgo de que los aumentos energéticos acumulados se reflejen en los precios finales. Cipollone destacó cómo el recuerdo del anterior shock energético sigue vivo en las empresas y los consumidores, influyendo en las expectativas a medio plazo. Para Frankfurt, el desafío es evitar “efectos de segunda ronda” que podrían hacer que persista una inflación inicialmente transitoria. Actuar demasiado pronto podría sofocar la recuperación, pero actuar demasiado tarde encarecería los controles de precios.
La dimensión estructural de la crisis es parte de este delicado equilibrio. Cipollone, recordando las tesis de Mario Draghi, subrayó cómo la estabilidad depende de la capacidad de Europa para remediar sus vulnerabilidades energéticas: integrar los mercados y acelerar la transición significa sacar a la economía continental de la volatilidad geopolítica.
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