Se suele decir que un funeral entierra una época, cuando fallece un escritor, un actor o un monumento de la Quinta República. El elogio de Olivier Marleix pronunciado el martes 25 de noviembre en la Asamblea Nacional marcó una cierta idea de parlamentarismo. Cinco meses después de la repentina muerte del diputado de Eure-et-Loir, la representación nacional le rindió homenaje “parlamentario experto”, “servidor inquebrantable de Francia”, en palabras de Yaël Braun-Pivet, presidente del Palacio Borbón, que acogió con agrado una “una voz familiar de nuestra Cámara, respetada mucho más allá de las filas que preside”.