La novela La casa de los espíritus de Isabel Allende, publicada en 1982 y que hoy es un hito en la literatura latinoamericana y mundial, ha fascinado a generaciones durante cuarenta años. Hoy, esta historia de mujeres, fantasmas, amor y dictadura regresa como serie de televisión, producida para Prime Video, dirigida por los chilenos Andrés Wood y Francisca Alegría, y con la propia Allende como productora ejecutiva. Los protagonistas de la serie son el actor mexicano Alfonso Herrera y la joven Nicole Wallace, a quien el joven público apreció en la saga Culpable de las novelas de Mercedes Ron. Wallace, que interpreta, en la versión adulta, a la protagonista Clara, antepasado de una estirpe de mujeres extraordinarias, que habla con los muertos, mueve objetos con sus pensamientos, vive en un espacio suspendido entre el mundo visible y el invisible, dice haber experimentado la preparación del personaje como un viaje interior. “Hice un viaje astral con un amigo, abrimos los Archivos Akáshicos (considerados la memoria del alma, que contiene todas las experiencias, pensamientos, emociones y vidas pasadas, nota del editor), hice mucha meditación, hablé con los antepasados. Fue muy divertido”. Un viaje insólito para muchos, pero perfectamente coherente con la cultura sudamericana, con el personaje y con la escritura de Allende, quien en la novela trata lo sobrenatural no como un elemento disruptivo sino como parte integral y cotidiana de la realidad.
El personaje confiado a Alfonso Herrera es de naturaleza completamente diferente: Esteban Trueba es uno de los personajes más complejos de la literatura latinoamericana. Carismático y violento, capaz de amar obsesivamente y destruir con la misma intensidad, Esteban es la personificación del patriarcado en su versión más brutal. ¿Cómo acercarse a un personaje así? “En primer lugar, sin juzgarlo – responde Herrera – debemos tratar de entender de dónde viene el trauma que lo lleva a ser lo que es. Esteban proviene de un núcleo familiar en el que es completamente invisible. Su madre lo atormenta, su padre está ausente. Por eso se aferra a situaciones artificiales como el dinero y el poder. Y cuando hablamos de amor, lo confunde con posesión. Lo cual es un cortocircuito en comparación con la forma en que Clara vive la vida”.
Aquellos a quienes les gustó la novela ciertamente recuerdan la película de 1993 dirigida por Bille August, con un elenco de primer nivel que incluía a Meryl Streep, Jeremy Irons, Winona Ryder, Antonio Banderas y Glenn Close. Una obra grandiosa, pero acusada de haber sacrificado la complejidad latinoamericana en el altar del cine de Hollywood. La serie pretende ser algo más fiel al espíritu del libro. La presencia de Isabel Allende como productora es garantía de autenticidad.
Nicole Wallace identificó una metáfora política en la propia estructura de la serie: “Cada personaje femenino es interpretado por al menos dos mujeres diferentes, por dos actrices diferentes. El personaje de Esteban Trueba, en cambio, sigue siendo interpretado por Alfonso Herrera. Me pareció una forma muy interesante de mostrar cómo las mujeres, con el tiempo, deben adaptarse, cambiar y sobrevivir, cómo luchan, caen y resisten. Un cambio contra el que debemos rendirnos o luchar”.
Alfonso Herrera, por su parte, inserta La Casa de los Espíritus en una discusión más amplia sobre la identidad latinoamericana y la memoria colectiva de la región: “Esta novela es una representación del realismo mágico, pero también habla de nuestro realismo trágico, de nuestras penas”. Se trata de las dictaduras militares que ensangrentaron el subcontinente entre los años 60 y 80: Chile, Argentina, Brasil, Uruguay.
Una época de terror compartido que la novela de Allende ya había transformado en literatura universal. Entre otras cosas, el libro fue escrito en el exilio, después del golpe de Pinochet de 1973 que le costó la vida al primo del escritor, el entonces electo presidente chileno Salvador Allende.