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Malí pende ahora de un hilo muy fino. El domingo 26 de abril, un día después del lanzamiento de ataques de una escala y una coordinación sin precedentes en varias ciudades del país, la junta en el poder todavía no parecía haberse recuperado del golpe sin precedentes infligido por los yihadistas del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM, afiliado a Al Qaeda), aliados con los separatistas tuareg del Frente de Liberación de Azawad (FLA).

Según varios testigos contactados por el mundoLas armas seguían crepitando el domingo, especialmente en Kati, la ciudad guarnición situada en las afueras de Bamako y donde residen los generales en el poder. Los atacantes de GSIM se quedaron quietos “arraigado en los edificios en construcción y en las colinas que rodean la ciudad”, explica un soldado maliense en el lugar. En Sénou, donde se encuentra el aeropuerto internacional de Bamako, también atacado el sábado por la coalición GSIM-FLA, “Todos permanecen encerrados en sus casas. Nadie se atreve a salir porque los terroristas siguen acechando, aunque hoy no hubiera habido enfrentamientos”señaló un residente.

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