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Premeditación documentada, ejecución desesperada. En un fin de semana Cole Tomas Allen se hizo famoso, comprometiendo el resto de su vida. Según la policía, este informático salió de su residencia en Torrance (California) y luego cruzó Estados Unidos en tren hasta la capital federal, pasando por Chicago (Illinois). El 24 de abril se registró en el hotel Washington Hilton.

La noche siguiente, este hombre de 31 años dejó un cartel en su habitación. Llevó en su equipaje las armas, adquiridas legalmente: un rifle, una pistola y cuchillos. Luego recorrió el pasillo, intentando pasar las puertas de seguridad que bloqueaban el acceso al sótano donde se encontraba la sala de recepción. En el interior, Donald Trump acababa de ocupar su lugar entre los altos funcionarios de su administración. Este sábado, el presidente estadounidense fue el invitado de honor en la cena de gala anual organizada por la Asociación de Periodistas Acreditados de la Casa Blanca (WHCA).

Aunque la velada apenas había comenzado, se escucharon explosiones en la sala de recepción, lo que provocó una afluencia de agentes al escenario. Evacuaron al presidente, que había caído al suelo durante un rato, y a las personas sentadas a su alrededor, entre ellas su esposa Melania y el vicepresidente J.D. Vance. Las explosiones vinieron del exterior.

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